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domingo, 12 de mayo de 2013

Sierva de Dios María de san Juan Evangelista

                                             ¿Quién es Madre María Evangelista?

Hay bastantes testimonios escritos en los archivos de los Monasterios de las Huelgas de Burgos, el de Santa Ana de Valladolid y en el de Santa Cruz de Casarrubios del Monte, que nos dicen quién fue esta monja, más que desconocida olvidada durante algún siglo.
Olvidada, no de todos, ya que en el Monasterio de Santa Cruz, fundado por ella, siguen vivos el recuerdo, el amor y la devoción de sus hijas, que han luchado y siguen luchando por continuar la obra por ella comenzada, tratando de imitar el ejemplo de su vida santa.
Estos documentos escritos proceden de bien diferentes personas y lugares. Citamos los que creemos más importantes.
Entre ellos están los de sus directores espirituales: padre Gaspar de la Figuera, sacerdote jesuita, hombre de grandes talentos y consumado en la Teología Mística. Es autor de un libro que titula Suma Espiritual y que en 1728 ya se habían hecho once impresiones.
Otro de sus directores fue el P. Francisco de Bivar, monje cisterciense. Fue Procurador General en la Curia Romana y es muy célebre en la Orden por su sabiduría y por sus virtudes. Está también el P. Lucas Guadin, jesuita, que dirigió la vida de la M. Evangelista en los últimos años de su vida: Padre de grandísimas prendas y espíritu, era Calificador de la Santa Inquisición.
Otros testimonios son el del P. Juan de Tudela, religioso capuchino que fue confesor de la comunidad de Casarrubios en vida de M. Evangelista. El doctor José Rodrigo, del cual son la mayoría de las copias que hay de los escritos de esta Madre. El P. Francisco de San Marcos, carmelita. El del maestro Gómez Caucense[1], que ya por entonces publicó en la prensa algo de la fama de santidad que tenía cierta religiosa lega de Valladolid, llamada Evangelista.
Están también los testimonios del ilustrísimo señor don Diego Escolano, Obispo de Segovia, y el del doctor Francisco Rodríguez de Neira, Abad de San Esteban de Beade[2].
No se pueden dejar de mencionar los testimonios más importantes, quizá, que son los de las personas que convivieron con ella en Cigales[3], su pueblo natal, el de sus hermanas del Monasterio de Santa Ana de Valladolid y el de sus hijas del de Santa Cruz de Casarrubios del Monte.
Procedentes de estos dos monasterios hay tres cartas, que son pequeñas biografías de M. Evangelista. La primera y más antigua está escrita por M. Francisca de S. Jerónimo en 1640 y la dirige al P. Lucas Guadin desde Casarrubios, pues fue una de las fundadoras, Priora en vida de la M. Evangelista y Abadesa al morir ésta. La segunda carta es de M. Micaela María, monja de Santa Ana de Valladolid y fundadora del Monasterio de Lazcano, desde el que envía su carta a la M. Gertrudis del Santísimo Sacramento, Abadesa del de Santa Cruz de Casarrubios. Esta monja fue testigo presencial de muchas gracias que Dios concedió a nuestra M. Evangelista y que, para gloria de Él, se manifestaron claramente al exterior. La tercera carta fue escrita por Madre Ana, Abadesa del Monasterio de Santa Ana de Valladolid, en 1665, año en que la escribe para enviar también a M. Gertrudis de Casarrubios. Esta monja fue compañera de M. Evangelista en el oficio de ropera, por lo que tuvo ocasión de conocerla bastante íntimamente.
Finalmente hay una RELACIÓN-HISTORIAL escrita por M. Gertrudis, monja del Monasterio de Santa Cruz como hemos dicho ya. Describe con detalle la historia de la fundación y de sus fundadoras desde que se empezó a tramitar aquélla.
Estos testimonios son las fuentes de las cuales hemos recogido el material para esta síntesis biográfica de M. Evangelista.

Cigales, su pueblo natal


Igledia de Cigales donde fue
bautizada María Evangelista

Esta villa es escenario de algunos acontecimientos históricos importantes. Fue Real Sitio cuando la Corte residía en Valladolid. Don Pedro de Sarabia -biógrafo de M. Evangelista en el s. XVIII- describe a Cigales casi como un lugar paradisíaco y la felicita por su suerte de haber sido cuna de dos reinas:
Es fineza de Dios, digna de ser apreciada por Cigales, pues no sólo le da una corona para el mundo en la Serenísima Señora Doña Ana de Austria, esposa del señor Felipe II, nuestro rey, que nació allí el día 1 de noviembre de 1549, sino que además le da otra para el Cielo en Mª Evangelista.
Para justificar y afirmar más aún esto último, escribe literalmente un parrafito sacado de los escritos de la Madre:
El Señor me dijo: María siéntate conmigo a mi mesa, que quiero que siempre te sea franca y nunca te falte; y aunque pese a quien pesare, has de estar sentada en ella conmigo como reina.
Pues en esta dichosa villa de la provincia de Valladolid, vino al mundo Mª Evangelista el día 6 de enero de 1591. Fue bautizada el día 18 de este mismo mes y le pusieron el nombre de María, ya que nació por la tarde, a la hora del toque del Ángelus. El P. Bivar lo señala como simbólico y significativo, porque esta María fue un vivo retrato de la primera María.
Sus padres fueron don Gonzalo Quintero y doña Inés Malfaz.
Se puede sobrentender, por los documentos que hay, que la posición económica y social de este matrimonio era acomodada, pues entre los familiares seglares hay Alcaldes mayores y ordinarios, Corregidores del Santo Oficio y Regidores. Entre los eclesiásticos hay Comisarios del Santo Oficio y Secretarios del Secreto de Pruebas.
Tuvieron cinco hijos. El primero fue Andrés, que se casó con doña María de Chaves, de familia noble; el segundo fue Gonzalo, que se casó con María Garrido, de cuyo matrimonio nació una hija que luego ingresaría como monja en el Monasterio de Santa Cruz; el tercero es Antonio, que fue sacerdote beneficiado de Preste y Párroco de Cigales; el cuarto hijo es Luis, que murió cuando era jovencito; el quinto, y feliz fruto, fue María.
Se dice de este matrimonio que eran buenos padres, fervientes cristianos, de ajustadas costumbres y arreglado proceder; que no buscaban otro interés que educar a sus hijos en la virtud. Por eso, María repetirá muchas veces que se complacía en Dios de haber tenido progenitores tan buenos y que si ella tenía algo de buena se lo debía a sus padres.

Niñez y juventud de María

Quien parece que tuvo especial influencia en la niña fue su madre, ya que don Gonzalo murió en 1592, cuando su hija apenas tenía un año.
Doña Inés era una mujer profundamente espiritual que practicó la virtud y supo educar a su hija en ella. A esta educación puede deberse, en parte, el carácter apacible de María que tanto destacó en ella a lo largo de toda su vida.
Sus paisanos de Cigales dicen que era una niña tan apacible que, con frecuencia, provocaba en los demás la tentación de herirla con bromas pesadas para hacerla enfadar alguna vez. Pero, aunque era muy sensible y le dolía aquello, no lo manifestaba: Así es cómo, desde los primeros años de su vida, comenzó a llevar la cruz silenciosamente. Este sería siempre su camino.
Entonces díjome el Señor: Mi camino es camino de Cruz, no hay otro mejor. Por eso Yo lo escogí para mí y este es el tuyo… Esa es mi obra en ti, es tu senda y por ella has de caminar, porque el amor de trabajos y cruces no lleva mezcla de naturaleza.
La Cruz sería también su descanso:
La Cruz quiero Yo que sea tu lecho y tu nido, ella es la que mi Hijo trajo siempre en su corazón, que es otro nido donde has de descansar.
Doña Inés, con el ejemplo de su vida y con su palabra, fue maestra para su hija en la virtud, y la niña supo ser dócil a esas enseñanzas. Amaba, reverenciaba y obedecía siempre a su madre con prontitud, practicando también lo que escribiría más tarde y se lo repetiría a sus hijas multitud de veces:
Dios no quiere discurso en la obediencia, sino resolución en todo cuanto manda que, si no, no se le da lugar para que Él descanse en nosotros.
De jovencita seguía siendo piadosa y modesta. En la relación con jóvenes de su edad era ingeniosa y prudente; sabía barajar las conversaciones para que no se desviaran por caminos que pudiesen ofender a Dios. También era enérgica cuando las circunstancias lo requerían. En muchas ocasiones liberaba a sus compañeras de ocasiones peligrosas y de bromas pesadas que algún muchacho quería gastarles; María imponía respeto y obligaba a éste a dejarlas en paz.
Como su vocación a la vida de oración empezó en su niñez, de joven tuvo en esto especial influencia entre sus amigas, que no siempre la comprendían ya que no experimentaban lo que ella les decía por experiencia propia.
Un testigo de Cigales dice: Portábase de una manera que era para la vecindad ejemplo, pauta para las canas, espejo para sus amigas, norma de admiración para todos.

Ingresa en el Monasterio de Santa Ana de Valladolid

 



Las luces interiores, con los años, fueron creciendo tanto en María que al oír hablar del Señor y de sus divinas alabanzas se suspendía en dulce embeleso de su alma. Esto despertó en ella el deseo de hacer en su vida este ejercicio continuado, siendo religiosa en una Orden dedicada a ello.
Cuando tenía quince años se lo propuso a su madre, de la que no consta la respuesta ni si se practicaron por entonces algunas diligencias. Es posible que, de momento, sólo se quedara en idearlo, por subvenirle a doña Inés la muerte el 14 de octubre de 1608.
La muerte de su madre no fue para María obstáculo para llevar a cabo, un poco más adelante, sus intenciones y deseos, ayudada por su hermano Antonio, sacerdote, que la asistió en todo momento hasta su ingreso en el Monasterio de Santa Ana.
Don Antonio fue quien tramitó todo y, aunque tenía gran amor a su hermana y buscaba darle gusto siempre, se entiende que, permitido por la Providencia Divina para que resplandeciera más su gloria en esta alma, al gestionar la entrada de María en el monasterio, sin contar con su voluntad y su deseo, lo arregló todo para que fuese monja lega (éstas se dedicaban a los quehaceres domésticos para que las monjas de coro pudieran dedicarse más totalmente a las divinas alabanzas, por estar libres de otras ocupaciones exteriores importantes). Se ignoran cuáles fueron los motivos que tuvo don Antonio para actuar de esta forma, ya que su hermana había heredado propiedades más que suficientes para pagar su propia dote.
María no sabía que hubiese dos clases de monjas y cuando se enteró era tarde para rectificar. Como tenía claro que su vocación no era de lega, pidió a su hermano que solucionase el problema. Pero los intentos de don Antonio por arreglarlo sólo consiguieron sembrar inquietud en la comunidad, que interpretaba aquello como falta de humildad en María.

Toma de hábito

La comunidad de Santa Ana se negó a aceptar que María fuese monja de coro y ésta, con su silencio humilde, aceptó tomar el hábito de monja lega el día 10 de mayo de 1609. Le pusieron el nombre de Mª Evangelista.
Esta contrariedad, como tantas otras que sufrió a lo largo de toda su vida, no fueron causa de amargura interior para ella sino que, al verse vestida con aquel cándido uniforme, fue indecible el gozo que sintió, proponiéndose trabajar para que la blancura de la estameña de aquel hábito pasara a su alma.
Y el Señor miró con tanto agrado su generosidad que le dijo: María, pues tú tienes cuidado de mí pensando en servirme, Yo miraré por ti y tus cosas, entreteniéndome en amarte.
Así empezó el año de noviciado María Evangelista y así lo continuó, no quedándose sólo en deseos, sino llevando sus propósitos a la práctica.
Toda la comunidad estaba admirada de la perfección que manifestaba en todo aquella novicia y decían de ella que era humilde con conocimiento, caritativa con amor, obediente sin interés, ágil sin precipitación, honesta, retirada, silenciosa y pronta al cumplimiento de la Regla y Constituciones.
La animaba mucho el celo de su Maestra, que era un ejemplo vivo de vida entregada a Dios en el cumplimiento perfecto de su cargo. Durante el tiempo de noviciado de María Evangelista, haciéndose cargo de la situación dolorosa de esta su querida hija a la que conocía muy bien, le enseñaba latín sin que lo supieran las demás, esperando que un día el Señor manifestaría claramente su voluntad acerca de la verdadera vocación de María.

Profesión para monja lega

Terminaba el año de noviciado que la novicia había pasado con mucha salud, fresca, robusta y alegre. Pero, de nuevo, se sintió impulsada por Dios a intentar encontrar una solución para el problema de su vocación. Por eso decidió hablarle a su hermano claramente:
Es cierto, hermano, que expresé en el siglo un sumo deseo de ser monja. Que esta fue mi intención y mi gusto, que otro ningún estado apetecía y que este sólo me llamaba.
También es cierto que estoy firme en esta primera vocación y que a no seguirla me parece que, no asistiéndome Dios, me moriría. Tanto me ahoga esta pena en lo humano, que necesitaría yo para mantenerme todo el poder divino. Mas has de saber que nunca tuve más voluntad que la de ser de coro y que no han sido otras mis pretensiones y ansias. No puedo negar que la parte de Religión en que me han puesto es muy perfecta, mas para mí es la de corista la que tengo por proporcionada. Ésta es la que deseo, ésta es a la que aspiro y para lograrla has de poner las diligencias, si hallasen en ti algún cabimiento[4] mis súplicas.
Dirasme que cómo no te lo dije antes de entrar y te respondo que fue la causa mi ignorancia; teníala yo de que había legas, juzgaba que todas las monjas eran de coro y que no había entre ellas ni la más leve distinción. Por ello no te lo supe prevenir.
A don Antonio no le pareció tan difícil complacer a su hermana si le prometía a la comunidad aumentar la dote –que ya había sido suficiente la que había entregado-. Llamó al locutorio a la M. Abadesa y le expuso sus intenciones y deseos. Ésta lo comunicó a las monjas reunidas en Capítulo y les pidió que lo pensaran.
Al enterarse el capellán –era un monje de la Orden- porque alguna le consultó el caso, juzgó que era gran soberbia en Mª Evangelista tener semejantes pretensiones, y sus opiniones sembraron la discordia en aquella comunidad.
Las más se opusieron rotundamente y se manifestaron contra ella con amargas contradicciones, pidiendo su expulsión del monasterio. Otras la defendían y suplicaban condescendencia, señalando las razones justas que la novicia tenía para pedir aquello.
Al enterarse su hermano de la situación, queriendo evitar a María semejantes complicaciones, habló con ella y le dijo que todo estaba ya arreglado a su favor, como ella deseaba: que sería monja de coro. Luego habló con la M. Abadesa y la hizo partícipe del mismo engaño, diciéndole que María estaba dispuesta a ser monja lega, por lo que se decidió que profesara el día 20 de mayo de 1610.
Pero Mª Evangelista no fue víctima de aquel engaño, ya que se dio cuenta perfecta, desde el primer momento, de la astucia de su hermano. Conscientemente se dejó llevar por aquel camino que la Providencia Divina le iba señalando, de aquel modo que parecía tan contradictorio. Dicen las testigos que el día de su profesión, tal humildad y serenidad manifestaba, que las mismas que la contradecían vertieron lágrimas de compasión y alegría y que, habiéndola reputado de soberbia, la reputaron después públicamente de humildísima.
El P. Bivar habla de esta ocasión en el Defensorio y dice cuán grande fue la cruz de María Evangelista y con cuanta humildad y paz la llevó. También M. Francisca afirma que tanta contradicción no provocó ninguna amargura en su corazón, sino que se gozaba de que ese fuera un medio para padecer en la cruz, asemejándose más en ella a Jesucristo. M. Micaela da testimonio de que Mª Evangelista no se sentía víctima de las incomprensiones.
Las contradicciones que yo le vi padecer fueron con grande igualdad; en lo exterior tenía siempre un semblante tan apacible y risueño como si no la tocara. Se esmeraba en afabilidad con los sujetos que más la contradecían y perseguían.
Y M. Ana no se contradice con las anteriores:
Era de muy apacible condición y amable, por lo cual se daba a querer, sobre todo en las ocasiones que se le ofrecían en la comunidad de quebranto y humillación, que eran algunas, por permitir nuestro Señor para probarla y ejercitarla en la paciencia, que era tan grande que admiraba. Yo la vi siempre una gran igualdad y serenidad de ánimo, que parecía un ángel, sin mudar de semblante en ocasión ninguna.

Monja lega en Santa Ana durante diecisiete años

El oficio de las legas era principalmente el de cocineras, y en la cocina pusieron a Mª Evangelista, obligación que cumplía con toda perfección y alegría. Pero Dios no quiso dejar de manifestar que sus designios sobre ella eran otros: apenas ejercía un poco de tiempo este oficio, enfermaba tan gravemente que en alguna ocasión hasta la dieron por muerta. Estas enfermedades, con sus convalecencias, duraban largas temporadas y se repetían tantas veces cuantas volvía a la cocina.
La comunidad, cansada de ver que era inútil empeñarse en querer lo que Dios no quería, decidieron ponerle un oficio propio de una monja corista. El primero fue el de ayudanta de la ropera, que lo era por entonces la M. Ana, la cual se sentía tan feliz y gozosa con semejante compañera, que se negaba a querer ceder tanto tesoro cuando la enfermera la pidió para ayudante en la enfermería. Como Dios quería que también Mª Evangelista resplandeciera en la caridad, dispuso que la M. Abadesa sentenciara a favor de la enfermera.
Cumplió en este oficio con la misma perfección que había cumplido en la cocina y ropería. Así lo ha dejado escrito la M. Francisca:
Su trato era dulce; su conversación, amable; la asistencia, con alas; el cuidado, sin melindre; el celo, sin asco; el desvelo, sin fastidio. Y era en todo, toda para aliviar y consolar a las enfermas.
… En cualquier cosa que la ponían lo hacía con particular gracia y liberalidad. Era el consuelo de las melancólicas y pacificaba con arte a las que se turbaban. En viéndose alguna apretada, luego decían que llamasen a Mª Evangelista. Y es que, la virtud que allí resplandecía, era alivio siempre.
En lo interior, Mª Evangelista volaba cada vez más alto. Basta con leer lo que, por mandato de sus confesores, dejó escrito para darse cuenta de ello. Pero así lo afirman también los testigos.
Su santidad se manifestaba en su sencilla vida práctica, hasta el punto de que muchas monjas, cuando se hablaba de su santidad, comentaban que no parecía tal, ya que no hacía grandes penitencias ni hacía horas especiales de oración. No se dan cuenta –dice M. Francisca- que su vida era toda una oración.
De todas formas, todos los testigos coinciden en que recibió gracias especiales que se manifestaron en alguna ocasión al exterior con fenómenos místicos, habidos en una época de su vida (1629 y 1630) y también algunos que podrían considerarse milagrosos; éstos ocurridos principalmente en los últimos años.

  Monasterio de santa Ana de Valladolid

Profesión para monja corista

Durante estos 17 años sus confesores, P. Figuera y Bivar, con algunas hermanas de comunidad, varias veces intentaron poner en trámite el asunto de su profesión para monja de coro, porque lo consideraban justo y querido por Dios.
Después de superar grandes dificultades de toda índole y de bastantes intervenciones especiales de Dios, la M. Abadesa de Santa Ana de Valladolid, que era de las más contrarias a esta profesión, se decidió a pedir, con gran encarecimiento, permiso a la Ilustrísima Señora Abadesa de las Huelgas de Burgos –que era por entonces doña Ana de Austria, hija de don Juan de Austria-, para llevarla a cabo cuanto antes.
Las intervenciones tan especiales de Dios que hubo en esto fueron tan claras, que las testigos presenciales dicen que todas pensaban que Él quería hacer grandes cosas por medio de aquella alma. No se equivocaron pensando así.

María Evangelista, fundadora de un monasterio. Este es el de Santa Cruz de Casarrubios del Monte

El Reverendo P. Damián Yáñez Neira, monje del Monasterio de Osera, en un artículo suyo publicado en la revista Hidalguía sobre el P. Francisco Bivar en el IV centenario de su nacimiento, dice en una de sus notas:
Si todas las obras de Dios están marcadas por el marchamo de la contradicción, la fundación del Monasterio de Casarrubios del Monte tuvo todo en contra desde el principio. Comenzando por la propia fundadora, que fue tratada de visionaria, embustera, alucinada y ni siquiera era monja de coro cuando le comunicó al P. Bivar que, en un éxtasis, Dios le había revelado que, andando el tiempo, llegaría a ser fundadora y primera Abadesa de un monasterio de la Orden.
Luego, el pueblo de Casarrubios se negaba a admitirlas. En el viaje, el enemigo volcó el carruaje de las fundadoras al borde de un precipicio, etc.
Después que M. Evangelista había comunicado a su confesor el desconcertante asunto revelado, llegó a Valladolid un matrimonio procedente de un pueblo de Toledo, Casarrubios del Monte. Eran don Alonso García de Ojea y doña María Rodríguez. Se establecieron en la ciudad con el fin de seguir más de cerca un pleito que tenían entablado contra el Conde de Rivadavia.
La casa en la que residían estaba al lado de la capellanía de Bivar. Pronto surgió íntima amistad entre el matrimonio y el religioso y, en alguna de sus conversaciones, éste les habló de la humilde religiosa lega de Santa Ana, a la que el confesor admiraba por su vida santa y a la que en más de una ocasión había defendido ya de las malas lenguas. Las ocasiones para seguir defendiéndola no se habían terminado y ello le costó a él grandes humillaciones y parece que fue una de las causas de su muerte prematura.
El matrimonio deseaba conocerla y fueron a visitarla. No se decepcionaron, sino que les inspiró gran confianza y comenzaron a comunicarse con ella. Les atraía mucho su apacible y serena conversación.
En una de las visitas le comunicaron los deseos que tenían de emplear su hacienda en alguna obra pía, haciendo así al Señor heredero de sus bienes, ya que no tenían descendencia. La intención que ellos tenían era la de edificar una capilla y fundar una capellanía. M. Evangelista los escuchó, como siempre, con mucha atención y luego consultó el caso con el Señor. Después, con santa resolución, les dijo que la voluntad de Dios no era que fundasen una capellanía sino un convento.
Aunque el matrimonio se sorprendió y le exponían que esa era una empresa muy superior a sus posibilidades, ella les dio tales razones y tan fundadas en viva fe que, sin resistencia, aceptaron la proposición como si aquellas palabras las hubieran oído de boca del mismo Dios.
El señor Ojea se ofreció también a realizar personalmente todos los trámites necesarios para llevar a cabo dicha fundación.
No le fue fácil a don Alonso conseguir todos los requisitos necesarios que de él dependían. Pero parece que más difícil aún fue para Mª Evangelista y el P. Bivar solucionar los que dependían de ella. Se entiende, por los documentos que hay, que se tardó varios años en solucionar algunos problemas que, humanamente, parecían irreversibles.
Todo parece indicar que Mª Evangelista, que aún era monja lega sin perspectiva de poder llegar a ser monja de coro por no haber antecedentes en esto, es por ello que al exponerle al P. Bivar la decisión tomada por el matrimonio y Mª Evangelista, éste lo primero que tuvo que hacer fue ponerse en contacto con el General de la Congregación de Castilla, exponiéndole el asunto y pidiéndole ayuda para poder realizar el tránsito de hermana lega a monja corista. Esto parecía menos factible aún, al haber de por medio una revelación privada.
Aunque Bivar insistía ensalzando las virtudes de Mª Evangelista, no convenció al General. Y para mayor seguridad en la resolución del caso, se consultó a maestros graves y experimentados en la vida espiritual. Entre ellos se dividieron los pareceres, opinando la mayoría que se hallaban ante un caso de superchería.
Bien pronto saltó la noticia a la ciudad de que una pobre cocinera pretendía pasar a categoría de corista y se reían burlándose del maestro Bivar que se había dejando engañar por ella.
De todo se enteró Evangelista y su actitud fue la de los santos: se defendía con humilde silencio, aguantando con gusto, por amor a Cristo, tales befas. En tanto que el P. Bivar la defendía con toda solicitud, hasta que Dios se encargase de descorrer el velo de aquel inquietante misterio.
Como hemos visto, Mª Evangelista profesó para monja de coro después que Dios cambiara radicalmente los ánimos contrarios a esa profesión, que no eran pocos ni poco importantes.

Viaje hacia Casarrubios del Monte

El día 25 de octubre de 1633 salían de Santa Ana de Valladolid las Madres fundadoras: Sor Mª Evangelista, como Abadesa; Sor Francisca de San Jerónimo, como Priora y Sor Mª de la Trinidad como subpriora, camino de Casarrubios del Monte.
Las contrariedades surgidas a lo largo del viaje fueron también numerosas y graves, como milagrosas pueden considerarse las soluciones a cada una de ellas. Grande fue la oposición de los vecinos de Casarrubios a la fundación del monasterio, como jubilosa y entusiasta fue después la acogida que les hicieron a las fundadoras el día de su llegada a la villa.
Salieron a recibirlas los más principales de la villa y se mostraron con ellas tanto más finos, cuanto más contradictorios habían estado antes. Salió infinita gente, muchos a caballo con grandes muestras de alegría. Y al entrar en la villa repicaron las campanas de todas las iglesias, y salieron fuera del lugar con chirimías y otras muestras de alegría. No quedó nadie en sus casas y aquel júbilo jamás se había visto en la villa.
Con esto no se resolvieron todos los problemas. Para la Madre Evangelista continuó el camino de cruz. La casa pobrísima, y con falta de todos los recursos para continuar construyéndola y subsistiendo la comunidad, pequeñita aún. En algunos momentos pensaron que tendrían que volver a su convento de Valladolid, por lo que M. Evangelista le pidió al Señor que, puesto que las había traído, remediase tanto desamparo y falta de lo necesario. El Señor le contestó:
María, tú sabes que tengo Yo dispuesto que halles las cosas con tanta pobreza para que en todo me imites. Lo que tú vives ahora es semejanza a lo que mi Madre y Yo vivimos en el portal de Belén. Mas te aseguro que esta obra es mía, que nadie me la ha de impedir porque Yo iré siempre delante de ella, como fui delante del pueblo de Israel en el desierto: de noche, alumbrándolo; y de día, protegiéndolo de los rayos del sol.
La Madre quedó muy consolada y con ánimos para seguir luchando, confiada en Dios que suscitaría personas generosas que remediasen aquellas necesidades. Como así fue.
La fabricación del monasterio pudo continuar y el día 27 de noviembre de 1634 se cerró la clausura. Ese mismo día el Abad de Contreras, del Consejo de Gobernación de Toledo, dirigió la elección de Abadesa, en la que salió elegida M. Mª Evangelista. También tomaron el hábito dos jóvenes que habían venido de Valladolid con las fundadoras.

                                            


                                 Monasterio de MM. Cistercienses de Casarrubios del Monte, Toledo (España)

Abadesa del Monasterio de Santa Cruz durante catorce años

Todo en la fundación parecía que evolucionaba ahora favorablemente y la santidad de su fundadora debía evolucionar con un ritmo más rápido aún. En ella no sufría mengua la vida de intimidad y unión con Dios, por lo que se podría considerar como exceso de actividad exterior.
Los muchos trabajos que se originan en los comienzos de una fundación recaían sobre tres personas solamente, y éstas rara vez eran completas, ya que las enfermedades de unas u otras se sucedían. Cuando M. Francisca convalecía de una enfermedad gravísima, cayó con otra semejante la M. Trinidad. Así es como se quedó sola con todo la M. Evangelista: dirección de las obras, noviciado, hospedería, etc.
M. Gertrudis del Santísimo Sacramento, en su RELACIÓN-HISTORIAL de la fundación, dice:
Era cosa de admiración que una sola persona pudiese con tanto, si no era siendo asistida, como era, por nuestro Señor, que la había escogido para, por su medio, hacer esta obra, y que fuese a costa de trabajos y penas.
Otros golpes y cruces esperaban a M. Evangelista, pues apenas llevaba un año en su fundación de Casarrubios cuando, repentinamente, muere en Madrid el P. Francisco de Bivar y meses más tarde el P. Gaspar de la Figuera, sus confesores y de los que tanta ayuda necesitaba para llevar adelante su fundación y para la comunicación de su espíritu. Tampoco este desamparo en que quedó en lo humano y espiritual logró turbarla; lo dice también M. Gertrudis, que convivió con ella durante trece años:
Se manifestaba siempre alegre y en mucha paz, porque el Señor la asistía y la tenía muy fortalecida y llena de fe. Y, en lo interior, iba Su Majestad aumentando esta casa, de tal forma que nunca le faltase la Cruz, ni interior ni exteriormente, porque el que le había dado las fuerzas sabía muy bien que eran muchas, y así se la cargaba verdaderamente grande y pesada. Pero era tan varonil que parecía que las fuerzas se le aumentaban con los trabajos. Y así era de gran admiración ver la asistencia a lo espiritual y temporal, y al consuelo de las monjas en una y otra materia, con menudísimos reparos nacidos de aquella su grande caridad, que salía al encuentro de sus hijas quitándoles el reparo que pudiesen tener en manifestarse por sí mismas.
Sus trabajos e influencia benéfica no se limitaban a los del convento:
A estas ocupaciones o cuidados se le añadía la continuación de seglares que, a la fama de su santidad, venían a comunicarle en diversas materias y negocios. Y con la experiencia de su afabilidad y grande salida que hallaban en todo cuanto le proponían, y el consuelo que recibían sus almas, lo continuaban sin cansarse. Y la Santa Madre no se enfadaba por lo molesto de este ejercicio; pues la continuación de cartas que tenía y a las que respondía, era también grande.
Hay varios casos de conversiones muy difíciles habidas después que M. Evangelista intercedió por aquella intención en particular. Entre éstas está la del Conde de Casarrubios:
El Conde de Casarrubios, don Gonzalo Chacón, estuvo casado con doña Juana Zapata, tan divertido que mucho tiempo no hacía vida con ella, lo cual comunicó dicha señora Condesa con M. Evangelista. Encargole que le encomendase a nuestro Señor para que lo sacase de aquel estado. La Madre le escribió una carta y fue causa de enmendarse mucho, retirándose de aquel divertimiento y comenzando a hacer vida con su mujer y mostrándose ya muy fino con ella (…). Acabó su vida muy cristianamente.
Tenía un arte especial para atraer las vocaciones, y en esto también se dieron casos curiosísimos, como es el de una joven llamada María Téllez. Era hermosa, rica, con grandes cualidades humanas y muchos pretendientes, pero tan frívola que sólo pensaba en galas y buen parecer. Nada más ajeno a ella que las monjas. Un día se le obligó a acompañar a dos tías suyas que iban a visitar a la M. Evangelista. María Téllez estaba tan contrariada, que no disimulaba el fastidio que sentía y la gana de que terminase la visita para marcharse.
Una de sus tías pidió a la Madre que abriese la puerta reglar para besarle la mano y recibir su bendición. Así se hizo. María se acercó también a besarle la mano, pero lo que hizo fue abrazarse a ella diciéndole: Por amor de Dios, Madre mía, recíbame por hija, que yo lo quiero y tengo de ser, y no volver a casa.
No hubo fuerzas de razones que la convencieran de que esperase y lo pensara mejor. Fue una monja ejemplar a lo largo de toda su vida.
Fue María Téllez la que trajo al convento el cuadro del Cristo de la Sangre, que así se llama porque el día 27 de enero de 1648, viernes[5], pasando la comunidad en procesión por el claustro -lugar en el que estaba colocado el cuadro-, todas las monjas vieron atónitas lo que estaba sucediendo: el Santo Cristo allí pintado, con mayor semblante de congoja, sudaba sangre y agua.
La Madre Evangelista mandó traer un lienzo y, mientras la comunidad cantaba el Miserere, ella con una expresión de quebranto y gran dolor limpió la Santa Imagen.
Es significativo que, desde aquel día, M. Evangelista empezó a sentirse enferma. En el mes de julio estuvo gravísima, mejoró e hizo prácticamente una vida normal hasta que el 13 de noviembre cayó otra vez muy grave y murió a las doce de la noche el viernes, 27 de este mismo mes y año (1648).
Su cuerpo estuvo expuesto durante dos días en el coro porque el pueblo lo pidió, y la iglesia no se vació de gente ni un momento. Todos se hacían lenguas en alabanzas a aquella santa Madre, a la que tanto querían con afecto piadoso.
Por circunstancias concretas, y sin duda providenciales, su entierro fue muy pobre en todos los aspectos. Hasta en esto se asemejó a Jesucristo.
Después de cinco años, sus hijas todas hablaron en la recreación de los deseos que tenían de ver si se había cumplido lo que el Señor, ya cuando estaba en Santa Ana de Valladolid, le había revelado a M. Evangelista: que su cuerpo no se corrompería.
El día 21 de octubre[6], abrieron su sepultura que estaba en la Sala Capitular y la alegría fue inmensa…: la encontraron como recién enterrada y encima de su viejo hábito tenía ahora un manto azul bordado en estrellas. Despedía un fragantísimo olor.
Habiéndose corrido la voz por toda la villa de lo ocurrido, todos querían verla, por lo que se llevó al coro donde estuvo dos días. El olor tan bueno que despedía aquel cuerpo duró muchos días y hay varios seglares que dejaron su testimonio escrito sobre ello.
En 1965 el cuerpo de M. Evangelista seguía estando incorrupto. Durante las obras del nuevo convento lo trasladaron a la iglesia parroquial. Allí permaneció tres años. Después se depositó en un nicho hecho en el suelo de la nueva Sala Capitular del convento. Los seglares y las monjas que quisieron pudieron verla. De estas monjas viven casi todas.
Monasterio cisterciense de la Santa Cruz
Casarrubios del Monte

El pasado 26 de noviembre del 2012 el arzobispo de Toledo, Mons. Braulio Rodríguez Plaza, dio apertura con el acto jurídico la causa de canonización de la Sierva de Dios María de san Juan Evangelista en el monasterio de Casarrubios del Monte (Toledo).

El  26 de noviembre del 2012 el arzobispo de Toledo, Mons. Braulio Rodríguez Plaza dió apertura de la causa de canonización de la Sierva de Dios María de san Juan Evangelista en el monasterio de Casarrubios del Monte (Toledo).




El antiguo, en el coro y el nuevo lugar después que el 2 de julio la trasladaran a uno de los altares de la iglesia conventual. 
-   6 de enero de 1591. Nace en Cigales, Valladolid.
- 18 de enero de 1591. Bautizo en Cigales.
- 10 de mayo de 1609. Toma de hábito como monja lega en el Monasterio de San Joaquín y Santa Ana de Valladolid
- 20 de mayo de 1610. Profesión como monja lega.
- 1626. Profesión como monja de coro.
- 25 de octubre de 1633. Sale del Monasterio de Valladolid hacia Casarrubios del Monte.
- 27 de noviembre de 1634. Cerrada clausura del Monasterio de la Santa Cruz. Nombrada Abadesa.
- 27 de noviembre de 1648. Fallecimiento.
[1] Fray Tomás Gómez Caucense.
[2] Doctor don Francisco Rodríguez de Neira, autor de la Historia del divino Hieroteo, Obispo de Segovia.
[3] Cigales, provincia de Valladolid.
[4] Cabida.
[5] El manuscrito original de la Relación-Historial de la fundación del monasterio dice: “El día 27 de enero, que es San Juan Crisóstomo del año 1648, viernes…”. Posiblemente se trate de un error de escritura en el manuscrito. Consultando el calendario perpetuo del año 1648, el 27 de enero no fue viernes, sino lunes. El día correcto podría ser el viernes, 17 de enero.
[6] 21 de octubre de 1653.

Se ruega a quienes deseen comunicar gracias recibidas por intercesión de la M. María Evangelista, se dirijan a:

Monasterio de la Santa Cruz
C/ Monjas, 1. 
C.P. 45950 Casarrubios del Monte
(Toledo - España)
m.mariaevangelista@yahoo.es

http://m-mariaevangelista.blogspot.com.es/ 

jueves, 9 de mayo de 2013

Sierva de Dios Isabel de Jesús

 Hace exactamente 350 años, el 9 de junio de 1648, a las nueve de la noche, expiraba Sor Isabel de Jesús, la Venerable Madre navalqueña, en el Convento de San Juan Bautista de las Agustinas Recoletas de Arenas de San Pedro, donde había vivido por espacio de veintidós años. Aún no había cumplido los 62 años, pues había nacido en Navalcán donde consta que fue bautizada en la Parroquia de Nuestra Señora del Monte, el 16 de noviembre de 1586. El P. Ignacio, que la conoció y trató con verdadera devoción, nos describe así la enfermedad y muerte de esta Santa navalqueña: "Por el mes de diciembre de 1647 la previno el Señor, revelándola que la quería llevar de este mundo. Una asfixia exterior la ahogaba; andaba muy tullida y casi sin movimiento en las manos. Antes de morir, el mes último, estuvo muy apremiada de dolores, fatigas y sequedades, ejercitándose en la paciencia, fortaleza, resignación y demás virtudes... Murió teniendo diez días antes un pie sobre otro, y extendidas las manos en forma de cruz. Quedó su rostro como la nieve, aunque esta blancura no la vieron sino tres religiosas, pero todas la vieron risueña y alegre, y todo el cuerpo tan tratable, después de helado, como si estuviera vivo". Fue enterrada en su Convento de Arenas de San Pedro (Ávila).


Navalcán, de la provincia de Toledo, pueblo natal de Isabel

Arenas de san Pedro, Ávila, localidad donde se encontraba el convento de agustinas recoletas, hoy desparecido por la Guerra civil española y otros espolios,  donde ingresó como monja Isabel de Jesús.


Atrás quedaban sus veintidós años de monja agustina recoleta y sus otros tantos años de casada, en Navalcán, su infancia y su adolescencia. De todo ello se conserva un hermoso libro titulado Vida de la Venerable Madre Isabel de Jesús, que viene a ser una autobiografía dictada por ella misma al P. Ignacio Francisco del Castillo, publicada en Madrid en 1672. Recientemente, en 1989, el P. Eugenio Ayape publicó un trabajo sobre Sor Isabel de Jesús y la otra entrañable monja navalqueña, Sor Isabel de la Madre de Dios, sobrina de la anterior, libro titulado Historia de dos monjas rústicas del siglo XVII.


La sierva de Dios Isabel de Jesús junto a su sobrina Isabel de la Madre de Dios , también en proceso de canonización y fundadora del convento de las agustinas recoletas de la Calzada de Oropesa (Toledo) reciben de san Agustín la regla con la protección de Nuestra Señora.

Sor Isabel de Jesús, que tantos años vivió en Navalcán, por cuyos montes fue pastorcilla y correteó a orillas del río Tiétar, nos cuenta en su autobiografía muchas cosas curiosas vividas en su infancia y adolescencia: "Digo, para gloria y honra de su divina Majestad, que soy una pobre labradora, hija de padres católicos por la bondad y misericordia de Dios. Eran naturales del lugar de Navalcán, tierra del Conde de Oropesa. Mi padre se llamaba Juan Sánchez Agustín y mi madre María Jiménez. Tuvieron nueve hijos. Yo fui de los menores. Criéme al campo, guardando ovejas con mis hermanos. No me acuerdo en toda mi niñez hallarme en el lugar con otras niñas, como se acostumbraba a jugar unas con otras. No me parece conociera otra casa si el campo, en el que estuve hasta que me casaron, siendo de edad de catorce años, y andaba en quince cuando me pusieron en estado".
Como ella misma afirmó la obligaron a casarse con un señor muy mayor, tan mayor que ya no tenia dentadura y esto le afeaba el rostro. Ella no quería por la diferencia de edad, pero su cuñado la obligó y vivió atormentada cerca de veinte años. Tuvo tres hijos con él y todos murieron de corta edad, el mayor no llegó a los tres años. Estuvo casada veinticuatro ó veinticinco años.
Su madre siempre la educó en el temor de Dios y en las prácticas religiosas y obras de caridad: "Acuérdeme que, como yo era pastorcilla, me decía que rezase el rosario y que fuese muy devota de la Madre de Dios. Me repetía mi madre que me encomendase a la Virgen, sobre todo cuando fuese tras el ganado en el monte, porque esta Señora tenia mucho amor a los pastoras, y se había aparecido a muchas, y a su Santísimo Hijo también".
Después que su madre murió y también su esposo y una hermana, decidió dar un giro a su vida. Cada día vivía una vida de más entrega a Dios. Visitaba con gran frecuencia la Iglesia para saludar a su madre la Virgen del Monte. En su fervor llegó a tirar a un pozo las galas y arreos de novia que tenia. Ello significaba que abandonaba el mundo y apetecía la vida religiosa.
Comenzaron, entonces, a denominarla "la santurrona". La tenían por loca, endemoniada y profetisa. La llevaron ante sus familiares a Talavera de la Reina e incluso a Arenas de San Pedro para entregarla a santos varones, que tenían el raro poder de ahuyentar los demonios.
En el año 1623 partió hacia Arenas de San Pedro para servir en casa de una señora, pero abandonó porque nada más que hacía organizar banquetes, bailes y entretenimientos. Más tarde conoció a una señora "piadosa" y invitada por ella fue a servir a una enfermería. En esta ocasión tomó el hábito de Terciarias de las Descalzas. Hasta el 14 de abril de 1626 entró en el Convento de las Agustinas Recoletas con cierto rechazo por parte del Vicario del Convento, el Padre Garay Alonso de Olmedo, morando en él veintidós años, ya que en 1648 falleció. Sor Isabel de Jesús vivió en la pobreza, tan amante era de ella que sólo comía mendrugos de pan que remojaba en agua por estar estos muy duros.

Convento del Stmo Cristo de la Victoria en el pueblo de Serradilla, Cáceres.

La leyenda cuenta, que cuando Sor Isabel De Jesús partió para Arenas de San Pedro, en el camino del lugar conocido como Los Altos de la Peña, quedó grabada en una piedra la huella de sus pies. Hoy el lugar es aún tenido en devoción y los muchos Navalqueños que pasan por allí, dejan unos curiosos nudos en las retamas cercanas a modo de ex-votos ó agradecimiento por favores recibidos de la "santa" monja Navalqueña.

Para más información:

MM. Agustinas Recoletas
Convento del Stmo. Cristo de la Victoria
C/ Liberato Alonso, 17
C.P. 10530 Serradilla (Cáceres)
Telf.:927407080

Beata María de Jesús López Rivas

Beata María de Jesús López Rivas. Cuadro original. Convento de san José de Toledo 

"El letradillo"-como la llamará la gran doctora Teresa de Jesús y así lo seguirán haciendo todos los historiadores- nació en Tartanedo (Guadalajara) el 18 de agosto de 1560.

El pueblo natal de la beata, Tartanedo en la región de la Alcarria de la provincia castellanomanchega de Guadalajara

Pronto llegaron pruebas a su corazón, ya que siendo todavía muy niña, murió su padre y se vio obligada a emigrar a Molina de Aragón, al lado de sus abuelos paternos. Aquí creció en edad y formación cristiana, ya que ellos vivían muy seriamente la fe de Jesucristo. La niña María conoció desde muy jovencita al Padre Antonio Castro, jesuita, quien la encaminó hacia el Carmelo.

Molina de Aragón, Guadalajara. Localidad donde la beata pasó su infancia.

No disfrutó nunca de buena salud y esto le hizo pasar muchos apuros y no pocos desdenes hasta de las mismas religiosas que no querían ligarse con una enferma para siempre. Pero intervino la M. Teresa de Jesús y dijo al recibirla y ofrecerla a la Comunidad de Toledo en 1577:
"Hijas mías, les envío esta hija mía con cinco mil ducados de dote, pero hágoles saber que ella es tal, que cincuenta mil diera yo de muy buena gana. Mírenmela no como a las demás, porque espero en Dios que ha de ser un prodigio".
No sabemos si es auténtica o no esta carta de la gran Doctora, pero si una cosa es cierta: tenía en alto concepto la santa Madre a esta hija de Tartanedo.
A pesar de sus enfermedad es vistió el hábito de carmelita el 12 de agosto de 1577 e hizo la profesión el 8 de septiembre de 1578.


Convento de san José de Toledo, 5ª fundación de santa Teresa de Jesús y donde ingresó y vivió durante su vida religiosa.

Participó en la fundación teresiana del convento de monjas carmelitas descalzas del pueblo también toledano de Cuerva al sur de dicha provincia. En el que murió desterrada otra de las grandes hijas de santa Teresa de Jesús, también toledana, priora de Sevilla, portadora de la descalcez a Portugal, Madre María de san José Salazar.
El pueblo toledano de Cuerva, al fondo los Montes de Toledo.

Convento de la Encarnación, de madres carmelitas descalzas de Cuerva (Toledo) del que una de sus fundadoras. 

Madre María de san José Salazar.


Santa Teresa de Jesús llegó a calar profundamente en su alma y veía en ella ricos quilates que sabía darían su fruto en el futuro. No se equivocó. La  misma Santa dijo en otra ocasión:
"Estoy segura que será más dichoso el convento que la tenga que todos los demás, porque aun cuando sea para estar en cama toda la vida, la quiero tener en mi casa".
Las enfermedades que siempre la aquejaron no acortaron su vida ya que murió muy anciana, a pesar de haber vivido con todo su rigor la dura vida de carmelita descalza contemplativa y de haber trabajado duramente a lo largo de toda su vida. Nunca aceptaba dispensas de ninguna clase.
Como muy bien decía la santa Madre, la enfermedad que más la aquejaba era la "enfermedad del amor" que sentía tan hondo y grande por el Señor.
Desempeñó varios cargos: sacristana, enfermera, maestra de novicias, priora, subpriora, etc y todos estos cargos los desempeñó con  gran entrega y caridad.
 
Todos acudían a ella para pedirle consejo y la amaban con toda su alma.
La misma Madre Teresa en más de una ocasión acudió a ella para que le solucionara algunas dificultades que tenía sobre la vida de oración y siempre encontró en Hermana María de Jesús luz y sabia orientación. Por ello la bautizó con el cariñoso nombre de "mi letradiIlo":
Así debe ser como dices, "letradillo mío".

La beta María de Jesús y santa Teresa de Jesús, estando ésta en Toledo. Se dice que en una ocasión estando la santa madre escribiendo en su celda de su convento de Toledo, la beata, entró y la sorprendió y arrobada por el Espíritu Santo. Óleo pintado por la Sierva de Dios M. Concepción de san Jaime y santa Teresa de Jesús, carmelita descalza de Palma de Mallorca (+ 1999).

Era un alma sencilla y de un candor angelical. Fue muy amada del Señor que le infundió gracias y carismas extraordinarios de todo tipo pero sobre todo le hizo vivir las maravillas de la vida contemplativa en la que llegó a hacer grandes progresos.
Sus devociones predilectas fueron el Sagrado Corazón de Jesús, el Santísimo Sacramento y la Virgen María, especialmente en el misterio de la Asunción.

Dibujo realizado en el lecho de la muerte.


Sepulcro y cuerpo incorrupto de la Beata María de Jesús, bajo la reja del coro de las carmelitas descalzas en su iglesia conventual para la veneración de los fieles.
 
El famoso P. Jerónimo Gracián (+ 1614) que la conoció y trató mucho, veintiséis años antes de morir ella ya la elogió grandemente en su obra Peregrinación de Anastasio. Murió el 13 de septiembre de 1640. Fue beatificada el 14 de noviembre de 1976.


Para más información:

MM. Carmelitas Descalzas
Convento de san José
Plaza de santa Teresa de Jesús, 2
C.P. 45002 Toledo 
Telf.: 925 224251  

Venerable Mariana de san José


La M. Mariana de san José es sin duda una de las figuras místicas más eminentes del siglo de oro español. Muchos justamente la han comparado con santa Teresa de Jesús: ésta llevó a cabo la reforma de las carmelitas, fundando la orden de carmelitas descalzas; la M. Mariana fundó conventos de agustinas recoletas y escribió unas constituciones cuyo espíritu está vigente todavía y que observan 33 conventos de monjas; ambas, Teresa y Mariana, fueron grandes místicas y escribieron obras de gran profundidad, con la diferencia de que las obras de santa Teresa son muy conocidas y las de la M Mariana, por falta de difusión, han permanecido casi olvidadas. Hoy, gracias a la introducción de la Causa de beatificación, se van imponiendo los escritos de la madre Mariana. Con el fin de dar a conocer su figura, presentamos a continuación un bosquejo de su vida, sus escritos y espiritualidad y el estado de la Causa de beatificación.


 La sierva de Dios Mariana de san José y santa Teresa de Jesús. Quien la santa se encontró con la niña Mariana.

Datos biográficos

Sexta y última de seis hermanos (tres varones y tres mujeres), nació en Alba de Tormes (Salamanca) el 5 de agosto de 1568. Sus padres, Juan de Manzanedo y María Maldonado, pertenecían a la clase acomodada y eran muy religiosos. La madre, que había sido educada en un convento de monjas, se hizo amiga de santa Teresa años antes de que ésta fuera a Alba de Torres para fundar uno de sus “palomarcicos”. El padre tenía dos hermanas monjas y, al enviudar, viajó a Roma, donde permaneció dos años y se ordenó de sacerdote. Mariana quedó huérfana de madre a los diez días. Pasó su infancia entre Alba de Tormes y Ciudad Rodrigo, con su padre y con los parientes. En uno de los viajes de santa Teresa a Alba de Tormes, le presentaron a la pequeña Mariana, que tenía cuatro años, y, recordando a la madre de la niña, la bendijo. No obstante su corta edad, Mariana sintió una gran conmoción que le duró toda su vida. “Me espanto –escribe en su autobiografía– cómo siendo yo tan niña, causó en mí tantos efectos, que parece en oyéndola, se le abrió a mi alma una gran ventana, por donde le entraba una muy clara luz”.
A la muerte de su padre en 1576 se quedó más sola, por lo que un año después la llevaron al convento de las agustinas de Santa Cruz de Ciudad Rodrigo, donde tenía dos tías, hermanas de su padre, y una hermana poco mayor que ella. Las otras dos hermanas estaban recogidas en otro convento, el de las franciscanas de la Madre de Dios en Coria (Cáceres). A la edad de 18 años renunció a cualquier posibilidad de matrimonio y tomó el hábito de agustina. El 21 de febrero de 1587, hizo la profesión religiosa. Pocos meses después, el 5 de diciembre del mismo año, establecía el capítulo de los agustinos en Toledo “que se asignen o erijan de nuevo tres o más monasterios de hombres y otros tantos de mujeres en los que se observe una forma de vivir más estricta”. Mariana será la fundadora de esos monasterios de mujeres.

Monasterio de la santa Cruz de Ciudad Rodrigo, Salamanca (España)

Volvamos a nuestra historia. No fue fácil su vida en el convento de Ciudad Rodrigo, pues Dios la purificó con no pocas pruebas. Entre momentos de fervor, tentaciones, sequedades y tribulaciones fue madurando su espíritu. La vida austera, la lectura de libros espirituales, sobre todo los escritos de santa Catalina de Siena, las vidas de los santos y las obras de santa Teresa de Jesús, y las penitencias que se imponía o le enviaba el Señor la fueron madurando para la vida mística, que crecerá extraordinariamente cuando inicie la vida de recoleta.
Las monjas descubrieron las virtudes de Mariana y la eligieron primero maestra de novicias y después priora (1599-1603). Entre tanto el provincial de los agustinos de Castilla, padre Agustín Antolínez, proyectaba abrir un convento de monjas recoletas. Le ofrecieron uno en Éibar. Entre las cuatro elegidas para iniciar la recolección de las monjas agustinas estaba la madre Mariana, que aceptó formar parte del grupo. Reunidas las monjas designadas en Ávila, , partieron juntas a la nueva fundación; al pasar por Burgos comunicaron a la madre Mariana la disposición del padre Antolínez que la nombraba superiora, y ella lo tuvo que aceptar como acto de obediencia. El 8 de mayo de 1603, con otras tres mojas y algunas jóvenes aspirantes, se abre el convento de Eibar.

Convento de las madres agustinas recoletas de Pamplona, ciudad en la que se estableció la comunidad de Eibar (Bilbao), el primer convento donde comenzó la recolección.

Un año más tarde, el 23 de mayo, la madre Mariana hace la profesión como agustina recoleta y trueca sus apellidos por el de san José. En adelante se llamará Mariana de San José.
En el convento se vive una vida de estrechez y de oración. Las constituciones preparadas por el padre Antolínez y corregidas años después por la madre Mariana hacen hincapié en la contemplación, en la vida austera. Aumentan el tiempo de meditación y la frecuencia de la comunión, de las disciplinas, de los ayunos y, sobre todo, aspiran a crear una auténtica vida de comunidad.
La M. Mariana narra en su autobiografía los dones místicos, que ella llama “misericordias”, con los que le regló el Señor: purificación sensible de su corazón, manifestaciones internas, el matrimonio espiritual.
Un año después, la madre Mariana abre otro monasterio recoleto en Medina del Campo y después otros en Valladolid, Palencia y finalmente la Encarnación en Madrid.


Fachada del monasterio de las agustinas recoletas de Palencia, comunidad, entre otras, por ella fundado.
 
La reina Margarita de Austria, que la había conocido en Valladolid y conocía también el estilo de vida que había establecido en sus monasterios, pensó en ella para la revitalización del monasterio de recoletas de Santa Isabel, fundado por san Alonso de Orozco. El monasterio atravesaba un momento de crisis. Para ayudarle a superarla lo tomó bajo su protección y pondría de priora a la madre Mariana, a quien confiaría también la Encarnación, el monasterio nuevo que se proponía construir.
La M. Mariana estaba en Palencia cuando la llamó la reina para que fuera a Madrid a donde llegó el 20 de enero de 1611. Pasó en Santa Isabel un año, durante el cual recibió muchas veces la visita de la reina Margarita, que la tenía como consejera espiritual. En junio de 1611 se pone la primera piedra del monasterio de la Encarnación.

Monasterio Real de la Encarnación de Madrid. Fundación promovida por los reyes Felipe III y la reina Margarita de Austria donada a la M. Mariana de san José, donde fue priora y finalmente murió en 1638.
 
La M. Mariana y las que constituirán la comunidad de la Encarnación pasan durante su construcción a la Casa del Tesoro, contigua al palacio real. Desgraciadamente, la reina había muerto de sobreparto en octubre de 1611. Su esposo, el rey Felipe III, se hace cargo de la construcción del monasterio, donde se establecerá la madre Mariana con la comunidad en julio de 1616.
El rey, a imitación de su esposa, y muchos notables de Madrid y autoridades eclesiásticas, incluido el nuncio de Su Santidad, visitan a la madre Mariana para pedirle consejo. Tanta era su ascendencia entre la nobleza que no faltó quien la acusó de ejercer mediante intrigas demasiado influjo en la familia real, cosa absurda, pues la M Mariana huía de todo lo que supiera a política. Le interesaban sólo las cosas de Dios.
Tenía gran ascendencia en la comunidad y en la gente que la visitaba, pero conducía una vida austera y escondía los dones y las gracias místicas que Dios le concedía.
Pasó en el monasterio de la Encarnación 22 años dedicada a la penitencia y a la oración. Murió el 15 de abril de 1638. Los funerales se celebraron durante nueve días con la asistencia del cardenal Spínola, de autoridades eclesiásticas, comunidades religiosas, y “muchos grandes de España, títulos y señores”.



Fue sepultada en la bóveda destinada a enterramiento de las monjas, y pocos años después fue exhumada y colocada en un lugar más digno. En 1644 fue reconocido su cadáver por tres médicos, que certificaron que estaba incorrupta. A través de los años su cuerpo ha sido reconocido varias veces y todavía hoy se encuentra incorrupto, es decir, momificado.

Sepulcro de la Sierva deDios Mariana de san José en el interior del monasterio de la Encarnación de Madrid.

Espiritualidad de la M. Mariana de san José. Sus escritos

La madre Mariana fue ciertamente una gran asceta. Sus ansias de perfección la incitaron siempre a mortificar sus apetitos y a elegir una vida austera: largas horas de oración, mortificación en la comida y en el sueño, disciplinas. Dios le concedió gozar de dones y gracias místicas, comunicaciones internas, cambio de corazón, experiencias inefables, matrimonio espiritual. De todos ellos habla en sus escritos, que indicamos a continuación, advirtiendo que los títulos que señalamos entre comillas no proceden de su pluma.
Entre los escritos señalamos la “Autobiografía”, escrita por obediencia al director espiritual; las “Cuentas de conciencia”; el “Comentario al Cantar de los Cantares”; los “Ejercicios Espirituales y repartimiento de todas las horas”; los “Consejos y máximas”; el Testamento” y las “Jaculatorias”; “Coplas” y “Oraciones”… a lo que hay que añadir las más de 200 cartas conservadas.
Sus escritos y consejos la acreditaron como una de las más insignes místicas del Siglo de oro español, comparable con santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz. Ya en su tiempo, por su rica personalidad y la profundidad de su doctrina se convirtió en punto de referencia de los eclesiásticos más ilustres de Madrid, de los nobles e incluso de los reyes, especialmente de la reina Margarita de Austria.
Varios escritores de teología espiritual citan sus escritos. Sobre todo el padre siervo de Dios Juan González Arintero en sus obras de mística: La evolución mística en el desenvolvimiento y vitalidad de la Iglesia, Cuestiones místicas… y Exposición mística al Cantar de los Cantares. En esta última obra cita a la madre Mariana en 84 páginas, y sus citas llenan más de 30 páginas, de las 485 del libro.
Pronto serán publicadas las obras completas. Entre tanto puede consultarse la Positio preparada para la Causa de Canonización.

El proceso de canonización

Apenas fallecida la madre Mariana, su sucesora en el priorato de la Encarnación pidió a todas las monjas de los diversos monasterios que habían convivido con ella o la habían tratado que escribieran un informe sobre su vida y virtudes. La finalidad de esos informes era recoger material para escribir su vida y probablemente para iniciar más tarde la Causa de Beatificación. En poco más de un año se reunieron 40 informes de monjas de los monasterios fundados por la madre Mariana, informes muy completos y de gran valor, porque fueron escritos en los años 1638-1639, es decir, casi inmediatamente después de su muerte, por monjas algunas de las cuales habían convivido más de 20 años con la Sierva de Dios. Con ellos publicó el licenciado Luis Muñoz la Vida de la venerable madre Mariana de San José. En ella recoge la autobiografía de la madre Mariana y la mayor parte de sus escritos.
Se alcanzó una de las finalidades de las Informaciones, pero por diversos motivos, entre los que podemos enumerar la humildad de la madre Mariana, que no quería que quedase memoria de su persona, la pobreza del monasterio, el cambio de la dinastía de los reyes, la dificultad en aquella época de tramitar una Causa de beatificación, no se inició el Proceso. No obstante, la fama de santidad de la madre Mariana no sólo no disminuyó sino que se fue extendiendo cada vez más, sobre todo con la fundación de monasterios en varias regiones de España y en México, que seguían las Constituciones de la madre Mariana.

A finales del siglo XX las monjas empezaron a pensar en serio en la introducción de la Causa. En los años 80 del siglo pasado, una comisión de historiadores nombrada por el Cardenal Mons. Enrique Tarancón, Arzobispo de Madrid, comenzó a reunir los escritos de la Sierva de Dios.
En 1992 el monasterio de la Encarnación se constituyó en actor de la Causa y nombró postulador al padre Romualdo Rodrigo, OAR. El 3 de abril del 1993, Mons. Ángel Suquía, Arzobispo de Madrid, obtenido el “nihil obstat” de la Santa Sede, nombró un tribunal y decretó la apertura del Proceso, que tuvo lugar en la iglesia de la Encarnación el 27 de abril de 1993. Tres años más tarde, el 10 de julio de 1996 se celebró en el mismo lugar la sesión de clausura.


La foto de arriba: Mons. Cardena Ángel Suquía Goicoechea, arzobispo de Madrid de 1983 a 1994, y fallecido en 2006. Y abajo, el actual arzobispo de Madrid, Mons. Cardenal Antonio Mª Rouco Varela. Han sido bajo sus arzobispados se ha abiert y cerrado la causa de canonización a nivel diocesano.

Durante la instrucción del Proceso fueron interrogados 19 testigos pertenecientes a las diversas ramas de la familia agustino-recoleta. Fueron recopilados los escritos de la Sierva de Dios (algunos había mandado quemar la madre Mariana) y una infinidad de documentos relativos a ella misma o a su familia. Las actas del Proceso, recogidas en 10 gruesos volúmenes, suman 3.640 folios. Durante más de 10 años el padre Jesús Diez, OAR, ha proseguido investigando en decenas de archivos y recogiendo más documentos. En 2007 fue presentada a la Congregación de las Causas de los Santos la Positio o dossier de más de 1.300 páginas, donde se expone la vida documentada y virtudes de la Sierva de Dios y se transcriben algunos escritos y documentos. Una comisión de peritos en historia de la Congregación de los Santos aprobó la Positio en noviembre de 2007 diciendo que la investigación había sido exhaustiva y que se aportan elementos suficientes para el estudio de las virtudes.
El pasado 18 de diciembre del 2017 el Papa Francisco aprobaba las virtudes heroicas, declarándola venerable sierva de Dios y ya la Postulación general de la orden agustina recoleta está revisando varios milagros posible para una posible y cercana beatificación.

                                                        Libro en el que se data su biografía

Para favores, gracias, estampas, libros,... diríjase a:

MM Agustinas Recoletas
Monasterio de la Encarnación
Plaza de la Encarnación, 1
C.P. 28013 Madrid
Telf: 915 470 510

Sierva de Dios Jerónima de la Asunción

Jerónima de la Asunción son réplicas de la pintura hecha por el pintor famoso corte, Diego Velázquez. El retrato fue compuesto durante la Madre Jerónima de escala en Sevilla, en su camino a las Filipinas.

La Sierva de Dios M. Jerónima de la Asunción García Yánez y De La Fuente (9 mayo 1555 Toledo- 22 octubre 1630 Manila) fue la fundadora del primer monasterio católico de Manila y el Lejano Oriente. Monasterio de la Madre Jermonia se hizo conocido como el Monasterio de Santa Clara de Intramuros, Philippines. Por sus esfuerzos como la primera mujer misionera creación en Filipinas, el Vaticano emitió un decreto apostólico para su beatificación en 1734. El monasterio fue inmortalizado en la novela Noli yo tangere, escrita por el novelista filipino, José Rizal.

Jerónima nació en Toledo, España, a una pareja piadosa, Pedro García e Yánez y Catalina de la Fuente. Sus padres eran nativos de Toledo y eran de noble linaje. Jerónima pasó su infancia en Toledo, donde aprendió los fundamentos de la vida cristiana muy temprano en la vida. A la edad de catorce años, se encontró con la gran reformadora carmelita, Santa Teresa de Jesús, OCD Después de esa reunión, se sintió la vocación a la vida monástica. Ella también fue influenciado por una biografía de santa Clara de Asís. El 15 de agosto, 1570, Jerónima entró en el monasterio Coletinas de Santa Isabel la Real de Toledo. En este monasterio, se unió a dos de sus tías que ya estaban las monjas profesas en la comunidad. Más tarde, en ocasiones funcionó como maestra de novicias. 


Monasterio santa Isabel la Real de Toledo (España) donde entró a vivir la regla de santa Clara.

Viaje al Extremo Oriente

Hermana Jerónima enteró de la intención de su Orden para establecer un monasterio en Manila, entonces parte del imperio español, y se ofreció para estar entre esta comunidad pionera. El 21 de octubre de 1619, se recibió el aviso de que su oferta ha sido aceptada. Fray José de Santa María, OFM, fue nombrado Procurador de organizar los necesarios permisos de viaje reales y otros asuntos financieros de la empresa, mientras que Jerónima ella fue nombrada fundadora y primera abadesa del monasterio de Filipinas. El monasterio sería la primera de su clase, tanto que se establecerá en Manila y en todo el Lejano Oriente.


El viaje de la madre Jerónima comenzó en abril de 1620, con el grupo inicial de seis monjas. Ella ya tenía 66 años en ese momento. Desde Toledo, viajaron por el río hasta Sevilla, donde se les unieron dos monjas más, y luego viajaban hacia Cádiz. A partir de ahí, el grupo se embarcó en cruzar el Océano Atlántico. A finales de septiembre de 1620, las monjas llegaron a la ciudad de México en la Nueva España y se quedaron allí unos seis meses en un monasterio de la Orden. Dos monjas más de esa comunidad se unieron al grupo. El Miércoles de Ceniza de 1621, Madre Jerónima y su grupo salieron de México por carretera para cruzar las montañas hacia la ciudad de Acapulco. Una vez allí, el 21 de abril 1621, el grupo subió a bordo del galeón San Andrés para navegar por las Filipinas.Las mujeres mantienen un registro de su viaje desde Toledo a Manila. Una de las monjas murieron durante la travesía, mientras que estaban cerca de las Islas Marianas. El resto del grupo se puso un pie en las Filipinas, que llega en el puerto de Bolinao el 24 de julio 1621. Llegaron a Intramuros, el centro de Manila, en el momento, el 5 de agosto 1621. Su viaje desde Toledo a Intramuros había durado un año, tres meses y nueve días. 


Catedral de Manila, sede de la diócesis, en la que fundó el monasterio de clarisas. Filipinas perteneció a las colonias de España.

Vida, la muerte y proceso de la canonización
 
Durante los últimos treinta años de su vida, la Madre Jerónima vivió en constantes enfermedades. A principios de septiembre de 1630, su salud se deterioró. Murió en la madrugada del 22 de octubre 1630 a la edad de 75 años.  Los restos de la madre Jeronima fueron enterrados por primera vez en un nicho dentro de una pared en el monasterio que ella fundación, pero luego experimentaron cinco reubicaciones. La primera fue en 1670 para obstaculizar las actividades de los devotos locales. El segundo ocurrió en 1712 debido a la reconstrucción del monasterio. En ese momento, se colocaron en el coro bajo del monasterio. El tercer traslado fue durante las invasiones inglesas de Manila, en 1763, cuando el féretro con sus restos fue trasladado a la Iglesia de San Francisco de intramuros. Los restos fueron trasladados al monasterio en 1765. Los restos que sobrevivieron a un bombardeo del monasterio durante la Segunda Guerra Mundial. En la década de 1950, sus huesos fueron finalmente colocadas permanentemente en un nuevo monasterio en Quezon City, Filipinas. Aunque no nació en las Filipinas, la madre Jerónima de la Asunción se convirtió en una inspiración religiosa para muchos devotos católicos. Ella se describe como una mujer de carácter decidido en la gestión de los conflictos políticos y religiosos, tanto dentro como fuera de los confines de su monasterio. Pasos hacia su canonización iniciado en 1630. Hasta la fecha, no han procedido.


El retrato de la Madre Jerónima


La pintura es descrita como la transmisión de "devoción y fuerza de carácter a través de su expresión severa y rostro rugoso; ella, la mirada directa en el exterior en el espectador, y sus pertrechos expresivos" al entonces sesenta y seis años de edad, de la monja. Madre Jerónima se representa vestida con su hábito religioso oscura, mientras que la celebración de un tomo de y un crucifijo. Había inscripciones en la pintura. El texto en la parte superior de la tela decía "Es bueno esperar la salvación de Dios en el silencio", mientras que la cinta que fluye de su boca dijo "Estaré satisfecho, siempre y cuando Él es glorificado". 

Sierva de Dios Clara Andreu Alferit



La Sierva de Dios Sor Clara Andreu, nació en Palma de Mallorca (España) el 4 de diciembre de 1596. Muy joven ingresó en el Monasterio de San Bartolomé de Inca, de monjas Jerónimas. Se caracterizó por una gran compenetración con la Pasión de Jesús y los Dolores de María. Amó intensamente a la Iglesia. Murió el 24 de junio de 1628, perdurando todavía su recuerdo de vida evangélica y santidad.

 Monasterio de San Bartolomé de Inca (Palma de Mallorca), de Jerónimas, donde la M. Clara ingresó.

Más adelante se dará más información sobre esta monja jerónima candidata a los altares.