http://www.bloguerosconelpapa.org

viernes, 20 de junio de 2014

Sierva de Dios Mª Isabel del Amor Misericordioso


Su vida
«La santidad, la plenitud de la vida cristiana no consiste en realizar empresas extraordinarias, sino en unirse a Cristo, en vivir sus misterios, en hacer nuestras sus actitudes, sus pensamientos, sus comportamientos». Benedicto XVI

Desde el Centro del Amor, en la gloria de los Bienaventurados, una sencilla flor cultivada en el jardín de Santa Teresa de Jesús, se abre con aroma de santidad: la Sierva de Dios, Madre María Isabel del Amor Misericordioso, fundadora del Monasterio del Espíritu Santo, en Orito-Monforte del Cid (Alicante). Su vida es ejemplar no sólo para el Carmelo Descalzo Teresiano, sino también para todo cristiano, en su espiritualidad profundamente evangélica, arraigada en las raíces del bautismo, y cultivada en la vivencia del mandamiento nuevo de Jesús.
«El tener padres virtuosos y temerosos de Dios me bastará…» Sta. Teresa de Jesús

Mª Isabel Zapata de Calatayud Benavent nació en Gandía (Valencia), el día 27 de diciembre de 1907. Fue la séptima hija del hogar formado por el Excmo. Sr. D. Adulfo Zapata de Calatayud y Estaña, Barón de Agres y de Sella y la Excma. Sra. Baronesa Dña. Isabel Benavent Ascó. El mismo día de su nacimiento fue bautizada en la pila bautismal de San Francisco de Borja, en la Parroquia de la Asunción de Ntra. Señora. Sta. María Colegiata, de Gandía.
                                                      Colegiata de Sta. María  de Gandía.

Era el gozo y la alegría de sus padres el que los niños recibiesen cuanto antes la filiación divina. Ya había en el mundo un corazón más donde la Trinidad hiciese su morada.

En su infancia y juventud quedó profundamente impresa en ella la huella de la formación religiosa recibida en el seno de su familia, en la que el testimonio de amor a Dios y al prójimo era fundamental. La elevada posición social de los Barones de Agres y Sella nunca los distanciaba de la gente sencilla, sino que, con afabilidad y sentido cristiano de fraternidad, todos se sentían acogidos y valorados, especialmente los pobres y la servidumbre de la casa.

Una anécdota de este tiempo revela simbólicamente lo que fue la vida de Madre Mª Isabel. Cuando la pequeña aún no tenía tres años se perdió. Se la buscó por toda la casa, pero nadie la veía. Registraron el jardín, indagaron por los alrededores; hubo incluso que avisar a la guardia civil… Inesperadamente se la halló dentro de un armario, abrazada a un precioso vestidito rosa, que se le estaba confeccionando, y que, al probárselo, a ella le había encantado. Hasta había derramado lágrimas cuando hubo que quitárselo. La niña, tras haberlo buscado y encontrado, se abrazó  fuertemente a él, quedando dormida allí mismo, en el ropero, ajena al drama que había desencadenado. Así fue su vida, un anhelo continuo hasta alcanzar el tesoro de Dios en ella, un tesoro por el que lo vendería todo, al que se abrazó con todo su ser, y por el que se ocultó en la soledad del Carmelo. La cruz y el sufrimiento marcaron el camino de Mª Isabel, desde los albores de su biografía. Cuando tan sólo contaba tres años de edad, falleció su joven madre. La niña experimentó, con angustia en su corazón, el desgarrón de la separación y la nostalgia del vacío materno. Fue éste el tiempo en el que despertó en ella el amor a la Stma. Virgen, donde encontró refugio su orfandad. Y, como en otro tiempo lo hiciera Santa Teresa, se confió totalmente a María, ante una imagen de la Inmaculada, en la iglesia parroquial de Ibi (Alicante). 


                                                     Iglesia parroquial de Ibi (Alicante).

D. Adulfo contrajo segundas nupcias con Dña. Amelia García Arias, señora también de estirpe noble. Sin embargo, las expectativas de D. Adulfo con este segundo matrimonio resultaron fallidas.

                                                                              Sus padres.

Dña. Amelia no consiguió llenar el hueco que en la familia había dejado la muerte de Dña. Isabel. Los hijos, y especialmente la pequeña Mª Isabel, no podían reemplazar en lo más íntimo de su corazón a mamá Isabelita.

Dos años más tarde, muere D. Adulfo, víctima de una pulmonía. Quedan los hijos al cuidado de Dña. Amelia, que pronto acabó por eludir la responsabilidad de aquella casa. Los pequeños fueron confiados a un tutor, a un administrador y demás criados de la casa. Tras una esmerada preparación, el día de la Stma. Trinidad del año 1915, Mª Isabel hizo su primera Comunión, en la que conscientemente acogió el don de Jesús Eucaristía, con gozo indecible. Su adolescencia floreció bajo la impronta que dejara en ella la influencia de su padre y de sus preceptores, que la educaron en la práctica de las virtudes cristianas. Fue una joven amante de los valores más nobles del ser humano, y a quien la temprana  experiencia de la cruz había dotado de una madurez poco común.
                                                             Foto carnet de joven

En su juventud se enamoró de un joven llamado Juan Giner Castelló. Tejió con él proyectos de vida santa matrimonial; más conociendo la radicalidad con que su corazón ardiente se entregaba, se decidió finalmente por la vocación religiosa, con una muy determinada determinación. Quería ser enteramente para Dios, con todo su ser indiviso.
«Determiné hacer eso poquito que era en mí…» Sta. Teresa de Jesús

En el discernimiento de su vocación, fue encaminada por su confesor al Carmelo Descalzo Teresiano. El día 7 de junio de 1928 ingresó en el Monasterio del Corazón Eucarístico de Jesús, en Manises (Valencia). Hizo su Postulantado con todo fervor. Firmemente asida a Jesucristo, superó pruebas y dificultades, en seguimiento de su Señor. Tomó el Hábito el 20 de diciembre de 1928. A partir de este momento su nombre religioso fue el de Mª Teresa del Amor Misericordioso. Por su fidelidad en la práctica de las virtudes pequeñas y ocultas, por su fina caridad, por su amable y perenne sonrisa llegó a ser un vivo ejemplo de Sta. Teresa del Niño Jesús.

                                                           Isabel de novicia.
 
En su Noviciado, se dedicó de lleno a conocer más de cerca la vocación a la que había sido llamada, en la práctica de las virtudes propias que se acostumbran en el Carmelo, y que Santa Teresa de Jesús propone como formativas de la Carmelita Descalza: el desasimiento de todo lo creado, la humildad, y la caridad, virtud ésta en la que habría de sobresalir la Hna. Mª Teresa ya desde los inicios de su vida religiosa. Pasado el año de Noviciado, hizo su Profesión simple el 7 de enero de 1930, y la solemne el 7 de enero de 1933.
Con el estallido de la guerra civil y la consecuente persecución religiosa, las Carmelitas Descalzas de Manises abandonaron el Monasterio. 
                                                                                La sierva de Dios de profesa

Hna. Mª Teresa y dos Hermanas más de la Comunidad, una de ellas la Sierva de Dios, Madre Margarita Mª del Corazón Eucarístico de Jesús, Fundadora del Carmelo de Lugo, se refugiaron en casa de la familia de D. Vicente Vilar y Dña. Isabel Rodes, matrimonio cristiano muy ejemplar, que vivía en Manises. D. Vicente Vilar murió mártir de la fe, la noche del 14 de febrero de 1937.

Más tarde, desde Manises, Hna. Mª Teresa se trasladó a Valencia, donde consiguió un trabajo en un Hospital para niños tracomatosos. Allí, con indecible caridad, se desvivió en el cuidado de los enfermos, especialmente de aquéllos que, marcados por profundas heridas, tenían un comportamiento más difícil e indisciplinado.
                              Catedral Basílica Metropolitana de la Asunción de Santa María de Valencia
                                               Basílica de Ntra. Sra. de los Desamparados de Valencia
                                                           Ntra. Sra. de los Desamparados, patrona de Valencia
                                                               Plaza del Ayuntamiento de Valencia

En el transcurso de la guerra, dos de sus hermanos –Adolfo y Juan- y su cuñado Ciríaco fueron encarcelados en la misma ciudad de Valencia. Hna. Mª Teresa hizo cuanto pudo por aliviar la situación de sus familiares presos, hasta privarse de alimentos que ella misma les llevó a la cárcel.
«En tomando el hábito… a la hora me dio un tan gran contento de tener aquel estado, que nunca más me faltó hasta hoy» Sta. Teresa de Jesús

Mientras duró la exclaustración fueron varias las ocasiones en las que se vio sometida a fuertes atropellos, en los que brilló la reciedumbre de su fe y la heroicidad de su amor. En uno de los viajes que en este tiempo hizo desde Valencia a Cocentaina, Hna. Mª Teresa fue detenida por los milicianos y conducida a una checa, donde pasó horas de verdadera angustia, en las que su vida corrió un serio peligro, siendo finalmente liberada.
                                                                     Cocentaina (Valencia)

Una vez finalizada la guerra, las Carmelitas volvieron a su «Palomarcico» de Manises. En los trabajos intensos por adecentar y restaurar el Convento, que había sido cuartel, Hna. Mª Teresa se prestó incansable a cuanto de ella necesitaba su Comunidad.

Había por entonces en aquella Comunidad Hermanas de «velo blanco» o legas, y Hermanas Coristas. A las primeras siempre se les asignaban los trabajos más humildes y costosos. No siempre esta diferencia obedecía a una vocación de Dios, sino que la mayoría de los casos se debía a que las Hermanas leguitas lo eran por no haber tenido dote económica que aportar al Convento. A Hna. Mª Teresa, en su fuero interno, se le hacía dificultoso aceptar esta «diferenciación» entre unas y otras, dado que todas eran esposas de Cristo. Su espíritu tan evangélico se resistía a estos esquemas y suplicaba al Padre Dios, desde el «amarás a tu prójimo como a ti mismo».

Una vez normalizada la vida conventual, llegaron hasta el Carmelo de Manises un nutrido número de vocaciones. Fruto de esta fecundidad nacieron tres fundaciones: Puzol, Buñol y Altea.

                                                                           Actual Carmelo de Puzol
                                                                                              Puzol (Valencia)
                                                                                Buñol (Valencia)

Una de estas fundaciones, la de la Olla de Altea, contó con Hna. Mª Teresa en el grupo de fundadoras. El día 12 de octubre de 1956, partieron para Altea, donde fundaron el Carmelo del Sagrado Corazón de Jesús. En este nuevo Carmelo, fue nombrada Maestra de Novicias y colaboró en el gobierno conventual, al ser elegida segunda Clavaria`. Como Maestra de Novicias, fue una gran formadora. La medida de la virtud la cifraba en el Evangelio, vivido con radicalidad, dando la primacía a la práctica de la caridad. Formaba a las hermanas según el carisma propio que Santa Teresa de Jesús implantó en sus Monasterios, e insistía en la necesidad de la abnegación, para dejar paso a Cristo en la vida de la Carmelita.

                                                           Hnas. fundadoras, Hna Mª Isabel, la 2ª por la izquierda
A raíz del Concilio, se ofreció a las Monjas la posibilidad de recuperar el nombre de bautismo o bien seguir con el tomado en la vida religiosa. En el Monasterio de Altea se optó por volver al nombre de bautismo, conservando el apellido religioso. Así pues, el nombre de la Sierva de Dios pasó a ser el de Madre Mª Isabel del Amor Misericordioso.

La celebración del Concilio Vaticano II fue para ella un don de la Providencia. Como Priora y como fiel hija de la Iglesia, recibió con corazón abierto los documentos conciliares, especialmente el Perfectae Caritatis, en las indicaciones que el mismo hace de renovación de la vida religiosa, «desde la vuelta a las fuentes de la vida cristiana y a la inspiración primigenia de los institutos, con la adaptación de los mismos a las condiciones cambiantes de los tiempos», y teniendo como «última norma de la vida religiosa el seguimiento de Cristo, según el Evangelio», todo ello bajo la tutela y guía de la Iglesia. Con la reflexión de los textos conciliares, el espíritu evangélico de la Madre revivía, añorando algo hermoso para el Señor que todavía no sabía definir.
«Estando allí un día en oración, me fue dicho de nuestro Señor que fuese a fundar…» Sta. Teresa de Jesús.

En el espíritu de Madre Mª Isabel, la fidelidad al carisma de Sta. Teresa de Jesús, así como la vivencia del mandamiento nuevo del amor, en el que veía el corazón del Evangelio, hicieron de ella un instrumento dócil en manos del Espíritu Santo que, en su providencia, la tenía destinada para una nueva fundación: el Carmelo del Espíritu Santo, en Orito – Monforte del Cid – (Alicante).

Madre Mª Isabel abrió su alma al Obispo de la Diócesis de Orihuela-Alicante, Mons. Pablo Barrachina y Estevan quien, tras discernir el espíritu que movía a la Madre, aprobó y alentó el proyecto de la fundación.

                                              Mons. Pablo Barrachina y Estevan
Mons. Pablo Barrachina y Estevan (+) ya de emérito en su residencia junto al también ya obispo emérito Mons. Rafael Palmero, obispos de Orihuela Alicante

Como verdadero Padre, le ofreció su mediación ante la Santa Sede, e indicó el lugar donde ubicar el nuevo Carmelo: Orito. Junto con el Sr. Obispo, el Siervo de Dios Diego Hernández González, confesor de la Comunidad de Olla de Altea, y con quien Madre Mª Isabel se comunicaba en dirección espiritual, vio que en aquella proyectada fundación, la Madre era inspirada por Dios. Éstas fueron las palabras del Padre Diego tras escucharla: «Yo, que no acostumbro a contestar antes de pensarlo bien en la oración, ¡cómo me hablaría esta mujer!, que viendo claro, contesté inmediatamente: ESTO ES DE DIOS».


                                                                   El siervo de Dios Diego Hernández González

Hasta que la fundación llegó a ser un hecho, muchos fueron los sufrimientos, dificultades y contratiempos.
El sello de la cruz marcó el camino de Altea a Orito, mas este sello era al mismo tiempo la seguridad de que Dios quería ese nuevo Palomarcico.

Providenciales fueron los caminos del Señor hasta la fecha del 24 de agosto de 1973, en que Madre Mª Isabel, acompañada de un grupito de Hermanas, llega al Santuario de Nuestra Señora de Orito –Loreto-, donde las esperaba un Monasterio de frailes Franciscanos Descalzos Alcantarinos, que pronto se transformaría en uno de los Carmelos de Sta. Teresa de Jesús.

                                                                            Fotografía del convento de Orito
                                           El día de la inaguración, Mons. Pablo Barrachina y la comuunidad descalza

La vida de observancia y austeridad que Madre Mª Isabel sembró en la nueva fundación destacó por la soledad, silencio, pobreza, oración y contemplación, para vivir la radicalidad evangélica del estilo carmelitano descalzo.

La Comunidad, por dificultades surgidas al comienzo de su llegada a Orito, donde al ser pocas Hermanas resultaba difícil compaginar el trabajo remunerado con la observancia regular, renunció a aquél para vivir únicamente de la Providencia, aun a riesgo de que no llegaran las provisiones, confiada siempre en la fidelidad de Dios.
La Sierva de Dios fue una gran contemplativa; a menudo pasaba largos ratos de las noches en oración, y Dios le concedió penetrar, de modo infuso, el misterio de su amor y misericordia, en consonancia con su apellido religioso: «Amor Misericordioso». Como buena Carmelita, amó filialmente a Ntra. Madre Santísima, la Virgen María. Confiaba en ella sin medida. Decía que a su Comunidad la cuidaba el Corazón Inmaculado de María, y que en ese refugio estaba segura.
A lo largo de su vida, Madre Mª Isabel padeció diversas enfermedades. Su llegada a Orito fue muy favorable, ya que el clima seco le era reconstituyente por estar aquejada de problemas respiratorios. El verano de 1980 lo pasó en reposo por una afección cardíaca. Desde este momento hasta su muerte, sobrevenida el 31 de octubre de 1987, la cruz de la enfermedad ya no la abandonaría. Su diagnóstico era muy complejo en cuanto a aparato respiratorio y corazón. En cuatro ocasiones hubo de ser ingresada en diferentes Centros de salud, dejando siempre a su paso una estela de virtudes cristianas sólidas, de fortaleza en el dolor y de saber sobreponerse a su estado de enferma, con un gran olvido propio, preocupándose siempre por cuantos la rodeaban.

El 3 de septiembre de 1987, la enfermedad de Madre Mª Isabel se agravó, de forma que ya no fue posible la recuperación, pese a los esfuerzos realizados, en este sentido. Fue consciente del momento que vivía. Y alentó a la Comunidad en su postrer despedida: «No estéis tristes; la Virgen no quiere que estéis tristes porque yo me voy al cielo», -decía a las Hermanas». En sus últimos días recibió el consuelo de ser visitada por el Sr. Obispo, D. Pablo Barrachina y Estevan quien, conocedor del estado de la Madre, acudió a darle su bendición y absolución de Padre.
Igualmente, diversos sacerdotes, muy vinculados espiritualmente a ella y a la Comunidad, fueron testigos de las últimas horas de esta preciosa vida, entre ellos, el Rvdo. Sr. D. José Ruiz Costa quien le preguntó: -Madre, díganos algo del cielo. ¿Qué es el cielo?- Ella se recogió unos instantes y contestó: -«El cielo es el centro del amor. El cielo es el lugar donde siempre se ama».
«Vi a su Majestad… díjome que tuviese por cierto que a todas las monjas que muriesen en estos monasterios, que el las ampararía…» Santa Teresa de Jesús

Finalmente en la mañana del día 31 de octubre de 1987 moría Madre Mª Isabel del Amor Misericordioso, mientras se celebraba la Misa Conventual, aproximadamente cuando se recitaba el Padrenuestro.

Después de su fallecimiento, varios sacerdotes celebraron la Eucaristía ante sus restos mortales. También el Sr. Obispo y el Sr. Vicario General acudieron el mismo día 31 para orar ante el féretro de la Madre. El funeral se celebró al día siguiente, 1 de noviembre. Se cantó con «Gloria», en atención a la Solemnidad de Todos los Santos.

Durante el acto de enterramiento, la Comunidad entonó un Magníficat Solemne para despedir a su amada y venerada Madre. Y, una vez tapiado el nicho, sobre el yeso blando, Madre Mª Elena de Cristo, su más cercana colaboradora, secundando la voluntad de Madre Mª Isabel, que así lo había manifestado, escribió: «OS SIGO AMANDO».
Así finalizó la peregrinación terrena de Madre Mª Isabel del Amor Misericordioso, que nos sigue amando, desde el Centro del Amor, desde el lugar donde siempre se ama: la Patria del Cielo.
                                                                       Sus manos


ORACIÓN. Para la devoción privada
    ¡Oh, Dios! Padre bueno y providente, que infundiste en tu sierva, Mª Isabel del Amor Misericordioso, Carmelita Descalza, el don de amar a todos los hombres con tu mismo amor; y, desde su vida escondida, la hiciste testigo gozosa de tu paternidad. A ti, que encendiste en su corazón el fuego vivo de la caridad y, en tu Providencia, la llamaste a fundar un Carmelo Teresiano, desde donde testimoniar el mandamiento nuevo de Jesús, te pedimos sea reconocida por la Iglesia y ante el mundo su santidad y alcanzar, por su intercesión, la gracia que esperamos de tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
(Pídase la gracia que se desea alcanzar). Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
 
De conformidad con los decretos del Papa Urbano VIII, declaramos que en nada se pretende prevenir el juicio de la Autoridad eclesiástica; y que esta oración no tiene finalidad alguna de culto público.
Con aprobación eclesiástica.

Para ponerse en contacto con nosotros y comunicar gracias o favores, hágalo directamente en esta página en las diversas secciones de “deja un comentario” o a nuestra dirección postal: 
Carmelitas Descalzas.
Monasterio del Espíritu Santo
Carretera de León, km 5
C.P. 03293 Algorós – Elche. (Alicante)
Tlf. 966  678  771

http://www.diocesisoa.org/documentos/escritosdelobispo/Textos%20M.%20M%C2%AA%20Isabel.pdf
http://madremariaisabel.es/
http://padrediego.es
http://damasoeslavaalarcon.wordpress.com/madres-carmelitas-descalzas-de-elche/

miércoles, 18 de junio de 2014

Sierva de Dios Mª Cristina de la Cruz Arteaga

Primeros años

La Madre Cristina de la Cruz, en el siglo María Cristina de Arteaga y Falguera, nació en Zarautz  (Guipúzcoa) el 6 de septiembre de 1902. Era la cuarta de los nueve hijos que tuvieron don Joaquín de Arteaga y Echagüe, marqués de Santillana entonces, y después duque del Infantado, y doña Isabel Falguera y Moreno, condesa de Santiago.

La relación de este matrimonio con la Casa Real española hizo que la Reina María Cristina apadrinase a Cristina en el bautismo de ahí que le pusieranel nombre de la regia madrina.

En el hogar paterno recibió Cristina una esmerada educación cristiana. El buen ejemplo y la sentida y asidua práctica religiosa de los padres, marcaron en ella una fuerte religiosidad.

Se examinaba por libre en el Instituto de San Isidro donde con máximas calificaciones terminó los estudios de bachillerato con 15 años. Desde la más tierna edad se sintió atraída por la lectura, la escritura y la oratoria.
Juventud

Una nueva y brillante etapa se abrió para Cristina cuando entró en la Universidad Central de Madrid a estudiar la carrera de Ciencias Históricas. Terminó la licenciatura en el año 1920 con premio extraordinario y le concedieron la Gran Cruz de Alfonso XII por su brillante expediente académico. También le dieron premio extraordinario por su tesis sobre El Venerable Don Juan de Palafox y Mendoza, en 1926.
Durante esta etapa juvenil, Cristina tuvo una vida social e intelectual muy activa: militó en la Confederación Católica de Estudiantes y daba con gran éxito mítines y conferencias en Madrid y en otras provincias al lado de los mejores oradores de la Confederación. En la Acción Católica fue nombrada presidenta. Publicó en 1924 el libro de poesías Sembrad, que fue prologado por Antonio Maura.

Vocación religiosa

Los triunfos que iba alcanzando Cristina en su juventud por los que era muy admirada, y  por los que los jóvenes la festejaban y pretendían, no llegaban a satisfacer sus inquietudes; se encontraba, según sus palabras “queriendo casarme y viendo que no lo quería Dios”.
Empezaba a comprender y a ver como una realidad, posible e inmediata, la vocación que sentía desde temprana edad, como lo deja reflejado en unos esquemáticos apuntes: “Vocación que casi precede a la razón. O monja o bailarina. […] Me cierro. Intimidad con Jesús. La Primera Comunión. Promesa de pertenecerle. Cómo hablaba con él en la capilla de la abuelita (mi confidente). […] Viaje a Roma. En el llamamiento del Aventino.

Después de consultarlo con confesores y directores espirituales, y segura de su vocación, entra en la abadía benedictina de Santa Cecilia de Solesmes el 16 de julio de 1926. Pero no le resultó bien este intento de vida monástica, ya que poco antes de tomar el hábito tiene que salir debido a una enfermedad de carácter psíquico que la tuvo postrada y enajenada durante unos seis meses.

                                Exterior e interior de la Abadía de santa Cecilia de Solesmes, Francia
                     Escuela de canto de la comunidad de las monjas benedictinas de santa Cecilia de Solesmes.

Ya recuperada en otoño de 1929 se entrevista en París con el Abad de Solesmes quien le indica que vuelva a España y en oración, recogimiento y estudio, esperase se manifestara la voluntad divina. Vuelve resignada a casa de sus padres, confirmándose así lo que le había dicho el Padre Rubio: que Dios la quería  monja pero en España.

El fracaso de ese intento monástico estaba claro, pero ella no perdió la esperanza de la vocación monástica que sentía, e intensificó el plan de vida que a raíz de su curación se había trazado: se dedicó con ahínco a la oración y a la penitencia; se apartaba de la vida social propia de su clase y juventud; vestía con discreción y de negro; se entregaba de lleno al estudio y a la investigación histórica.

Vocación jerónima

Desechado el retorno a Solesmes, Cristina buscaba el lugar donde Dios la quería para vivir en clausura monástica. Siguió con muchas consultas y luchas y fue el 11 de mayo de 1931, cuando en casa de su amiga Teresa Igual, tomó contacto con dos monjas de la Concepción Jerónima de Madrid, que se encontraban refugiadas allí. También se encontraba allí don Cipriano Martínez Gil, el Capellán de las monjas, que luego se convertiría en el director espiritual de su alma.
Cristina entra en al Concepción Jerónima el 28 de octubre de 1934 y toma el hábito el 29 de abril de 1935. Superadas las dificultades propias de la vida religiosa (horarios, comidas, vida común, obediencia…) y decidida a consagrarse a Dios, pidió por escrito al Visitador la primera profesión que tuvo lugar el 18 de mayo de 1936.

Dos meses habían transcurrido de su profesión cuando el 18 de julio de 1936 estalla la guerra civil española y las monjas de la Concepción Jerónima se vieron obligadas a abandonar el monasterio el día siguiente. Poco después el convento fue convertido en cuartel de la brigada Lister. Le tocó pasar de una a otra casa hasta terminar en la Embajada de Argentina. Por fin con el Embajador de Argentina viajó en coche a Alicante y el 6 de enero de 1937 se embarcó hacia Marsella y de allí pasó a Biarritz para reunirse con su madre y hermanas.
Pero poco tiempo pasa con su familia ya que el Padre Torres y unos amigos planifican un viaje a Sevilla e invitan a Cristina a que los acompañe. Estando allí visitan el monasterio de Santa Paula y las monjas la acogieron con gran amor y el Padre Torres la anima para que entre en este monasterio.


Poco duró la tranquilidad de Santa Paula ya que en febrero de 1938 enferma, y tiene que salir con urgencia para someterse a una intervención quirúrgica en San Sebastián.
La operación fue bien pero la recuperación, que la pasa en casa de sus padres, fue lenta. Todo ese año dice que fue feliz en medio de los sufrimientos, dedicada al silencio, a la oración y a la clausura en casa.
En enero de 1939, estando sor Cristina todavía convaleciente en casa de sus padres en Lazcano, la visita monseñor Gaetano Cicogniani, entonces Administrador Apostólico cerca del gobierno de Franco, y después Nuncio Apostólico en España. Venía a hablarle de la misión especial que el Papa Pío XII le había encomendado acerca de las monjas de clausura. Quería enterarse de la situación en que estaba nuestra Orden. Sor Cristina recibió esta visita como una consigna de lo Alto.

                              Exteriores e interiores del Monasterio de santa Paula de las monjas jerónimas de Sevilla.

El retorno a Sevilla y la transfiliación a la comunidad de Santa Paula fue expresa voluntad de la jerarquía. El señor Nuncio en persona fue a darle la noticia. Entra en la clausura en la fiesta de la Epifanía del Señor de 1942. Y la profesión solemne tan retrasada por los años de guerra y de enfermedad, la hace el 9 de mayo de 1943. Con la profesión solemne, sor Cristina adquirió todos los derechos y obligaciones de la Orden Jerónima y las monjas en la primera oportunidad que tuvieron la eligieron Priora de Santa Paula el 20 de abril de 1944, cargo que ocupó hasta su muerte. Ya Priora de Santa Paula, emprendió la tarea de elevar la vida espiritual, la formación y las observancias monásticas de las monjas, sin olvidar la restauración de las dependencias monacales y la organización del trabajo.


En el resurgir de Santa Paula de Sevilla, la madre Cristina no se olvidó de los otros monasterios de la Orden. El señor Nuncio la había mandado a Sevilla precisamente con la misión de levantar la vida de los monasterios de la Orden jerónima y crear entre ellos una federación para una mutua ayuda, y ella desde el primer momento quiso ser fiel a este encargo. Federación que empezó a existir antes de ser constituida como tal, lo que tuvo lugar en septiembre de 1958. El 25 de septiembre en el Primer Capítulo General de la Federación es elegida Priora General, siendo elegida en sucesivas elecciones hasta su muerte.

Una de las obligaciones que la madre Cristina tenía como Priora General de la Federación era visitar los monasterios dos veces durante cada sexenio. Las actas de las visitas revelan el espíritu de entrega, humildad, fe, caridad y estrecha unión con Cristo que tenía la madre Cristina. Esto quedó reflejado también en los escritos que la Madre dejó en cada monasterio, y en la memoria que guardan las monjas de su convivencia con cada comunidad.

Actividad intelectual

La madre Cristina consideraba que el trabajo intelectual, a ejemplo de san Jerónimo y la tradición de la Orden jerónima, también formaba parte de la vida y del trabajo monástico jerónimo. Por ello siguió con la pluma en la mano como un medio monacal para santificarse y ofrecer al mismo tiempo a los demás el fruto de ese trabajo. Prueba de ello son los libros que escribió, los discursos que pronunció, artículos en revistas (como por ejemplo en “Vida Sobrenatural”), participación en semanas monásticas, etc.


Fue nombrada miembro correspondiente de la Academia de la Historia de Madrid en 1944 y de Buenas Letras en Sevilla en 1967, y numeraria en la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla en 1973. También fue nombrada hija adoptiva de Granada y tuvo otras menciones y premios.

Vida espiritual y monástica

La madre Cristina estuvo marcada por una fuerte espiritualidad contemplativa. En el claustro monacal encontró el lugar propicio que ansiaba. Para ella la oración litúrgica era algo fundamental, la cuidaba, la vivía y quería que fuese el centro de la vida monástica. Quería que el oficio coral y las celebraciones litúrgicas se hiciesen sin prisa, con solemnidad, con canto. «Nuestra oración –decía a sus hijas- debe ser fundamentalmente litúrgica, ha de apoyarse en el Oficio divino primorosamente ejecutado y cantado, no nos cansemos de tender a esta perfección, de alimentarla con el estudio y la lección de las Sagradas Escrituras, sobre todo del Evangelio y los salmos y así brotará la oración amorosa que debe envolver toda nuestra vida, el cultivo de la presencia de divina que aureola y santifica nuestro trabajo».
A la oración litúrgica y como un complemento inseparable, unía la oración personal. Pasaba horas y horas en oración. Esta práctica de oración la inculcaba mucho en sus hijas, nunca se cansaba de inculcarles estos ratos personales de intimidad con el Señor.

                                                                    Monjas jerónimas

Vivió entregada para elevar la vida monástica jerónima. Los monjes y monjas que acudían a ella y aún sin acudir, guardan buenos recuerdos de su mucho amor por la Orden y por sus miembros. También la madre Cristina extendió su amor monástico a otras familias religiosas, ayudando a los religiosos y religiosas que solían acudir a ella buscando consejo u otros menesteres.
Las monjas apreciaban la veneración y amor que sentía por la Iglesia y por el Romano Pontífice, aconsejándolas que siempre siguiesen las directrices del Papa y caminasen fieles a su Magisterio.
La madre Cristina murió el 13 de julio de 1984 en el Monasterio de Santa Paula de Sevilla. Murió como había vivido, amando y aceptando la voluntad de Dios. “El dolor será fecundo”, fueron unas de sus últimas palabras.
                       Monjas jerónimas de santa Paula de Sevilla adorando al Santísimo Cuerpo de Cristo

Proceso de Canonización

La madre Cristina fue considerada en vida como una monja de grandes virtudes, de mucha espiritualidad y de observancia monástica. Por considerarla como un modelo de virtudes a imitar y por ello un estímulo para las monjas y monjes jerónimos, y para las almas consagradas, así como para los aspirantes a la vida monástica y contemplativa, se abrió el Proceso de Canonización el 28 de mayo de 2001. El 15 de septiembre del 2009, en el Monasterio de Santa Paula de Sevilla, se clausuró el Proceso Diocesano sobre la vida, virtudes y fama de santidad de la sierva de Dios Madre Cristina de la Cruz, y estuvo presidido por el Sr. Cardenal D. Carlos Amigo Vallejo. En dicho acto se cerraron las tres cajas con toda la documentación recogida sobre M. Cristina. Una de esas cajas se llevó al Arzobispado de Sevilla y las otras dos viajaron a Roma en noviembre de ese mismo año.
La clausura no se podría haber llevado a cabo sin la inestimable y desinteresada ayuda y dirección de D. Teodoro León Muñoz, Promotor de Justicia del citado Proceso, Delegado para la Causa de los Santos y Vicario General de la Archidiócesis de Sevilla.

Arriba, clausura del proceso diocesano presidida por el entonces arzobispo de Sevilla el cardenal Carlos Amigo, hoy emérito. Lacrado de las cajas documentales que se enviaron a Roma.
En marzo del año 2010 tuvo lugar en Roma la apertura de las cajas, y con este acto quedaba abierto el Proceso en el Vaticano. El Postulador que lleva la Causa es el Padre Javier Carnerero Peñalver, Procurador y Postulador General de la Orden Trinitaria.
Actualmente se están ampliando algunos testimonios y declaraciones. Roguemos a Dios para que pronto la veamos en los altares.

Uno de sus libros que recomendamos leer:
 "Tras la Huellas de san Jerónimo" Vida de la Madre Cristina de la Cruz Arteaga. Ed. Akron. Araceli Casans y de Arteaga.



ORACIÓN (para uso privado)

Oh Dios, que concediste a tu sierva Cristina el don de una vida monástica consagrada a tu alabanza, a la oración, al trabajo, al estudio amoroso de las Sagradas Escrituras y al servicio de los demás. Haz que, siguiendo el ejemplo de tu sierva, vivamos nuestra fe con espíritu de oración y servicio, y si es tu voluntad, concédenos por su intercesión, la gracias que te pedimos... y ayúdanos a buscar y aceptar tu voluntad divina en todos los momentos de nuestra vida. Por Jesucristo nuestro Señor. (Padrenuestro, Avemaría, Gloria).

La sierva de Dios Mª Cristina de la Cruz recibe el cuerpo de Cristo de manos de San Juan Pablo II en su primera visita a España en Sevilla en 1982.

Se ruega a quienes obtengan gracias por intercesión de la Sierva de Dios lo comunique a:
"Causa de Canonización M. Cristina de la Cruz". 
MM. Jerónimas
Monasterio de santa Paula
C/ Sta. Paula, 11 
41003 Sevilla