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sábado, 8 de noviembre de 2014

Con motivo del V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa de Jesús (1515-1582) 2015

 SANTA TERESA DE JESÚS


Nace en Ávila el 28 de Marzo de 1515, en la casa señorial de Don Alonso Sánchez de Cepeda y Doña Beatriz Dávila de Ahumada. Eran 10 los hermanos de Teresa y 2 los hermanastros, pues su padre tuvo dos hijos en un matrimonio anterior.

Es bautizada el 4 de Abril del mismo año en la parroquia de san Juan Bautista de la ciudad de Ávila.

 Iglesia de san Juan Bautista de la ciudad de Ávila
Pila bautismal de san Juan, Ávila, donde fue bautizada la santa

Desde muy pequeña manifestó interés por las vidas de los santos y las gestas de caballería. A los 6 años  llegó a iniciar una fuga con su hermano Rodrigo para convertirse en mártir en tierra de moros, pero fue frustrada por su tío que los descubre aún a vista de las murallas.

Juegan entonces a ser ermitaños haciéndose una cabaña en el huerto de la casa.
Patio donde jugaban a hacer ermitas.

Reina entonces en España un espíritu de aventura y conquista: parten guerreros a Flandes, conquistadores a América, y la literatura vive de este espíritu. En manos de Teresa caen algunos de estos libros y entonces ella sueña con ser una de las damas que se acicalan y perfuman para sus galanes ilustres. El coqueteo le gusta, pues encuentra además la complicidad de sus primas y la corteja un primo suyo.

Su madre muere en 1528 contando ella 13 años, y pide entonces a la Virgen que la adopte hija suya. Sin embargo sigue siendo “… enemiguísima de ser monja,” (Vida 2,8), y al ver su padre con malos ojos su relación con su primo, decide internarla en 1531 en el colegio convento de Gracia, regido por agustinas, donde ella echará de menos a su primo pero se encontrará muy a gusto.

Monasterio de Ntra. Sra. de Gracia, de monjas agustinas

A medida que se hace mayor, la vocación religiosa se le va planteando como una alternativa, aunque en lucha con el atractivo del mundo.

Su hermano Rodrigo parte a América, su hermana María al matrimonio y una amiga suya ingresa en La Encarnación. Con ella mantendrá largas conversaciones que la llevan al convencimiento de su vocación, ingresando, con la oposición de su padre, en 1535.

 Monasterio de la Encarnación de Ávila.
  Monasterio de la Encarnación de Ávila

Dos años después, en 1537, sufre una dura enfermedad, que provoca que su padre la saque de la Encarnación para darle cuidados médicos, pero no mejora y llega a estar 4 días inconsciente, todo el mundo la da por muerta. Finalmente se recupera y puede volver a La Encarnación dos años despues en 1539, aunque tullida por las secuelas, tardará en valerse por sí misma alrededor de 3 años.

Muere su padre en 1544.

La vida conventual era entonces muy relajada con cerca de 200 monjas en el monasterio y gran libertad para salir y recibir visitantes. Teresa tenía un vago descontento con este régimen tan abierto, pero estaba muy cómoda en su amplia celda con bonitas vistas, y con la vida social que le permitían las salidas y las visitas en el locutorio.

En la cuaresma del año 1554, contando ella 39 años y 19 como religiosa llora ante un Cristo llagado pidiéndole fuerzas para no ofenderle. Desde este momento su oración mental se llena de visiones y estados sobrenaturales, aunque alternados siempre con periodos de sequedad.


Aunque recibe muchas visiones y experiencias místicas elevadas, es una visión muy viva y terrible del infierno la que le produce el anhelo de querer vivir su entrega religiosa con todo su rigor y perfección, llevándola a la reforma del Carmelo y la primera fundación.

Esta primera fundación será una aventura burocrática y humana con muchos altibajos: su confesor aprueba un día y reprueba otro, el Provincial apoya con entusiasmo, para luego retirarse, y el Obispo que nunca había dudado de Santa Teresa, llegado el momento titubea. En un momento parece que todo fracasa y Teresa, siempre obediente, se retira a su celda sin nada poder hacer, aunque Doña Guiomar de Ulloa y el Padre Ibáñez logran de Roma la autorización.

Por obediencia parte entonces a Toledo varios meses, para consolar a la viuda Luisa de la Cerda. Esta distancia favorecerá los progresos del monasterio de San José de Ávila, que progresan a escondidas, a pesar de los rumores. Regresará para encontrarse con el breve del Papa.

Convento de san José, Ávila, 1ª fundación teresiana.

Fundado el 24 de Agosto de 1562, encuentra una terrible hostilidad, proveniente de la Iglesia que ve ninguneada su autoridad, se alzan algunas voces pidiendo el derribo del nuevo convento, toda la ciudad está alborotada, y Teresa debe abandonarlo dejando a las cuatro novicias solas, para volver a su celda de La Encarnación. Sólo se podrá incorporar un año después de su fundación, dejando la celda amplia y las comodidades de La Encarnación por las estrecheces de San José de Ávila, pequeño y austero hasta el extremo.

Por mucho tiempo parece que la fundación de la nueva orden tendría sólo este monasterio, hasta que Teresa vuelve a llorar al saber que las necesidades de misiones en América son importantes. Escucha entonces en oración: “…Espera un poco hija, y verás grandes cosas.”, y poco después le llegan instrucciones y autorización para fundar más conventos.

Comienza aquí una intensa actividad de Santa Teresa que sólo termina con su muerte, en la que compaginará el gobierno de su orden, con las fundaciones de nuevos conventos y la redacción de sus libros, sin perder nunca el buen ánimo ni la esperanza, en la confianza de que no era su voluntad lo que estaba cumpliendo y que le llegarían los apoyos que necesitara, como así fue en todo momento.

Fundó en total 17 conventos: Ávila (1562), Medina del Campo (1567), Malagón (1568), Valladolid (1568), Toledo (1569), Pastrana (1569), Salamanca (1570), Alba de Tormes (1571), Segovia (1574), Beas de Segura (1575), Sevilla (1575), Caravaca de la Cruz (1576), Villanueva de la Jara (1580),  Palencia (1580), Soria (1581), Granada (1582) y Burgos (1582), en el año de su muerte.

La fundación de Granada la hizo Ana de Jesús, aunque en vida de la Santa, por lo que no siempre aparece en las enumeraciones.

A  estos conventos hay que sumar el primero del Carmelo masculino que funda con San Juan de la Cruz en Duruelo (1567). Santa Teresa conoció a San Juan de la Cruz en Medina del Campo contando ella 52 años y él 24, y le convenció para unirse a la reforma, olvidando sus planes de retirarse a la cartuja de El Paular.


Regresando de la fundación de Burgos, hace parada en Medina del Campo, pero es requerida en Alba de Tormes por la Duquesa de Alba. Está enferma y agotada. Muere en brazos de la Beata Ana de San Bartolomé la noche del 4 de Octubre al 15 de Octubre de 1582 (y esto por coincidir con el cambio del calendario Juliano al Gregoriano).


Muere sin haber publicado ninguna de sus obras, sin haber logrado fundar en Madrid (a pesar de su ilusión), sin haber separado la orden de descalzos de la de calzados y con dudas sobre si sus monasterios se podrían mantener con el espíritu que ella infundió.

Teresa escribió muy poco por iniciativa suya, muchas cartas, alguna poesía y anotaciones. Pero sus obras maestras son fruto de la obediencia a sus superiores, que veían el interés de que escribiera sus experiencias y enseñanzas. Y así comienza todos sus escritos mayores aceptando su encargo con obediencia, pero con notable esfuerzo por su parte.

Escribir le supone un esfuerzo importante, lo hace, en ocasiones, ocupando la otra mano con la rueca, tal y como ella explica: “…  casi hurtando el tiempo y con pena porque me estorbo de hilar y por estar en casa pobre y con hartas ocupaciones”  (Vida 10,7)

La Inquisición vigiló muy de cerca sus escritos temiendo textos que incitaran a seguir el cisma iniciado en Europa, o se alejaran en algún punto de la recta doctrina. Muchos de sus textos están autocensurados, temiendo esta vigilancia. Su manuscrito “Meditaciones Sobre El Cantar de los Cantares” lo quemó ella misma por orden de su confesor, en una época en que estaba prohibida la difusión de las Sagradas Escrituras en romance.

Su vida es fiel reflejo de lo que avisaba a sus monjas: que las gracias recibidas en la oración son para darnos fuerza en servir a los demás. Aunque Teresa es conocida por lo elevado de las gracias místicas y visiones que recibe, su oración no la aparta del mundo, sino que hace que se entregue con especial fuerza y respaldo a las obras que le son encomendadas sufriendo en viajes, discusiones y continuas trabas, burlas y desplantes de sus contemporáneos.

Fue beatificada por Pablo V en 1614, canonizada por Gregorio XV en 1622, y nombrada doctora de la Iglesia Universal por Pablo VI en 1970. La primera mujer de las 4 actuales doctoras de la Iglesia. Las otras son Santa Catalina de Siena, otra carmelita descalza: Santa Teresita del Niño Jesús y una benedictina Santa Hildegarda de Binghen.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Nota sobre la doctrina de la santidad


Quisiera aprovechar desde este blog consagrado a dar a conocer contemplativas en España que ha sido propuestas a ser candidatas a ser modelos de santidad de vida consagrada, a ser intercesoras ante el Padre que por medio de su intercesión, hacen que Dios haga milagros para sanar sus hijos, aunque es independiente de su intercesión, pero Dios cuenta también de intercesores después de Jesucristo y de Nuestra Señora, Madre de Dios y Madre Nuestra, Reina del Cielo, la Toda Santa, para ser intermediarios en la concesión de gracias para nuestra existencia espiritual y corporal.

                                          Beata Mª Magdalena de la Encarnación adorando al Santísimo Sacramento
Quisiera tomar del Catecismo de la Iglesia Católica la doctrina sobre la comunión de los santos.
Debemos destacar que el cristiano, cómo su nombre indica, que es aquella persona que vive de manera que toda su existencia está configurada con la de Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, que viviendo desde y por los siglos, enviado por el Padre, se encarnó en el seno virginal de una doncella de Nazareth, María. El cristiano vive cómo Cristo a diferencia de tener el pecado, vive de la gracia de Dios que potencia sus virtudes, así es, es dejado enamorar por Jesucristo que actúa en su vida, en su caminar, apoyado en la fe, contemplando la esperanza  y ejerciendo la caridad. Es Cristo, su motivo, su centro que le une a Dios Padre en compañía de la Madre de Dios y del resto de los santos.

SANTAS CONTEMPLATIVAS DE ESPAÑA, YA EN LOS ALTARES

Santa Teresa de Jesús
 Beata Mª Josefa de santa Inés, agustina descalza de Benigánim
 Beata Ana de san Bartolomé, carmelita descalza enfermera y transcriptora de santa Teresa de Jesús
 Beata María de Jesús López Rivas recibe las Moradas de santa Teresa de Jesús en el convento de san José de Toledo
 Santos Franciscanos Capuchinos
 Beata Mª Ángela Astorch, Clarisa capuchina
                                   Santa Beatriz de Silva, fundadora de la Orden Concepcionista
                        Beata Mariana de Jesús Navarro, mercedaria descalza de Madrid
                                   Santa María Cervellón, fundadora de la Orden Mercedaria

La Iglesia cuando los beatifica o canoniza los propone a toda la Iglesia como modelos a imitar, cómo aquellos que imitaron a Cristo, como diría San Pablo (1º Cor 11, 1) y son intercesores de cada cristiano ante la Trinidad.


PRIMERA PARTE 

LA PROFESIÓN DE LA FE

SEGUNDA SECCIÓN:

LA PROFESIÓN DE LA FE CRISTIANA

CAPÍTULO TERCERO

CREO EN EL ESPÍRITU SANTO

ARTÍCULO 9

“CREO EN LA SANTA IGLESIA CATÓLICA”

Párrafo 5

LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS

946 Después de haber confesado "la Santa Iglesia católica", el Símbolo de los Apóstoles añade "la comunión de los santos". Este artículo es, en cierto modo, una explicitación del anterior: "¿Qué es la Iglesia, sino la asamblea de todos los santos?" (San Nicetas de Remesiana, Instructio ad competentes 5, 3, 23 [Explanatio Symboli, 10]: PL 52, 871). La comunión de los santos es precisamente la Iglesia.
947 "Como todos los creyentes forman un solo cuerpo, el bien de los unos se comunica a los otros [...] Es, pues, necesario creer [...] que existe una comunión de bienes en la Iglesia. Pero el miembro más importante es Cristo, ya que Él es la cabeza [...] Así, el bien de Cristo es comunicado [...] a todos los miembros, y esta comunicación se hace por los sacramentos de la Iglesia" (Santo Tomás de Aquino, In Symbolum Apostolorum scilicet «Credo in Deum» expositio, 13). "Como esta Iglesia está gobernada por un solo y mismo Espíritu, todos los bienes que ella ha recibido forman necesariamente un fondo común" (Catecismo Romano, 1, 10, 24).
948 La expresión "comunión de los santos" tiene, pues, dos significados estrechamente relacionados: "comunión en las cosas santas [sancta]" y "comunión entre las personas santas [sancti]".
Sancta sanctis [lo que es santo para los que son santos] es lo que se proclama por el celebrante en la mayoría de las liturgias orientales en el momento de la elevación de los santos dones antes de la distribución de la comunión. Los fieles (sancti) se alimentan con el cuerpo y la sangre de Cristo (sancta) para crecer en la comunión con el Espíritu Santo (Koinônia) y comunicarla al mundo.

949 En la comunidad primitiva de Jerusalén, los discípulos "acudían [...] asiduamente a la enseñanza de los Apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones" (Hch 2, 42):
La comunión en la fe. La fe de los fieles es la fe de la Iglesia recibida de los Apóstoles, tesoro de vida que se enriquece cuando se comparte.
950 La comunión de los sacramentos. “El fruto de todos los Sacramentos pertenece a todos. Porque los Sacramentos, y sobre todo el Bautismo que es como la puerta por la que los hombres entran en la Iglesia, son otros tantos vínculos sagrados que unen a todos y los ligan a Jesucristo. Los Padres indican en el Símbolo que debe entenderse que la comunión de los santos es la comunión de los sacramentos [...]. El nombre de comunión puede aplicarse a todos los sacramentos puesto que todos ellos nos unen a Dios [...]. Pero este nombre es más propio de la Eucaristía que de cualquier otro, porque ella es la que lleva esta comunión a su culminación” (Catecismo Romano, 1, 10, 24).
951 La comunión de los carismas: En la comunión de la Iglesia, el Espíritu Santo "reparte gracias especiales entre los fieles" para la edificación de la Iglesia (LG 12). Pues bien, "a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común" (1 Co 12, 7).
952 “Todo lo tenían en común” (Hch 4, 32): "Todo lo que posee el verdadero cristiano debe considerarlo como un bien en común con los demás y debe estar dispuesto y ser diligente para socorrer al necesitado y la miseria del prójimo" (Catecismo Romano, 1, 10, 27). El cristiano es un administrador de los bienes del Señor (cf. Lc 16, 1, 3).
953 La comunión de la caridad: En la comunión de los santos, "ninguno de nosotros vive para sí mismo; como tampoco muere nadie para sí mismo" (Rm 14, 7). "Si sufre un miembro, todos los demás sufren con él. Si un miembro es honrado, todos los demás toman parte en su gozo. Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno por su parte" (1 Co 12, 26-27). "La caridad no busca su interés" (1 Co 13, 5; cf. 1 Co 10, 24). El menor de nuestros actos hecho con caridad repercute en beneficio de todos, en esta solidaridad entre todos los hombres, vivos o muertos, que se funda en la comunión de los santos. Todo pecado daña a esta comunión.


954 Los tres estados de la Iglesia. «Hasta que el Señor venga en su esplendor con todos sus ángeles y, destruida la muerte, tenga sometido todo, sus discípulos, unos peregrinan en la tierra; otros, ya difuntos, se purifican; mientras otros están glorificados, contemplando "claramente a Dios mismo, uno y trino, tal cual es"» (LG 49):
«Todos, sin embargo, aunque en grado y modo diversos, participamos en el mismo amor a Dios y al prójimo y cantamos el mismo himno de alabanza a nuestro Dios. En efecto, todos los que son de Cristo, que tienen su Espíritu, forman una misma Iglesia y están unidos entre sí en Él» (LG 49).
955 "La unión de los miembros de la Iglesia peregrina con los hermanos que durmieron en la paz de Cristo de ninguna manera se interrumpe. Más aún, según la constante fe de la Iglesia, se refuerza con la comunicación de los bienes espirituales" (LG 49).
956 La intercesión de los santos. "Por el hecho de que los del cielo están más íntimamente unidos con Cristo, consolidan más firmemente a toda la Iglesia en la santidad [...] No dejan de interceder por nosotros ante el Padre. Presentan por medio del único mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, los méritos que adquirieron en la tierra [...] Su solicitud fraterna ayuda, pues, mucho a nuestra debilidad" (LG 49):
«No lloréis, os seré más útil después de mi muerte y os ayudaré más eficazmente que durante mi vida» (Santo Domingo de Guzmán, moribundo, a sus frailes: Relatio iuridica 4; cf. Jordán de Sajonia, Vita 4, 69).
Pasaré mi cielo haciendo el bien sobre la tierra (Santa Teresa del Niño Jesús, verba).
957 La comunión con los santos. "No veneramos el recuerdo de los del cielo tan sólo como modelos nuestros, sino, sobre todo, para que la unión de toda la Iglesia en el Espíritu se vea reforzada por la práctica del amor fraterno. En efecto, así como la unión entre los cristianos todavía en camino nos lleva más cerca de Cristo, así la comunión con los santos nos une a Cristo, del que mana, como de fuente y cabeza, toda la gracia y la vida del Pueblo de Dios" (LG 50):
«Nosotros adoramos a Cristo porque es el Hijo de Dios; en cuanto a los mártires, los amamos como discípulos e imitadores del Señor, y es justo, a causa de su devoción incomparable hacia su rey y maestro; que podamos nosotros, también, ser sus compañeros y sus condiscípulos (Martirio de san Policarpo 17, 3: SC 10bis, 232 (Funk 1, 336)).
958 La comunión con los difuntos. «La Iglesia peregrina, perfectamente consciente de esta comunión de todo el cuerpo místico de Jesucristo, desde los primeros tiempos del cristianismo honró con gran piedad el recuerdo de los difuntos y también ofreció sufragios por ellos; "pues es una idea santa y piadosa orar por los difuntos para que se vean libres de sus pecados" (2 M 12, 46)"» (LG 50). Nuestra oración por ellos puede no solamente ayudarles, sino también hacer eficaz su intercesión en nuestro favor.
959 En la única familia de Dios. "Todos los hijos de Dios y miembros de una misma familia en Cristo, al unirnos en el amor mutuo y en la misma alabanza a la Santísima Trinidad, estamos respondiendo a la íntima vocación de la Iglesia" (LG 51).


960 La Iglesia es "comunión de los santos": esta expresión designa primeramente las "cosas santas" (sancta), y ante todo la Eucaristía, "que significa y al mismo tiempo realiza la unidad de los creyentes, que forman un solo cuerpo en Cristo" (LG 3).
961 Este término designa también la comunión entre las "personas santas" (sancti) en Cristo que ha "muerto por todos", de modo que lo que cada uno hace o sufre en y por Cristo da fruto para todos. 
962 "Creemos en la comunión de todos los fieles cristianos, es decir, de los que peregrinan en la tierra, de los que se purifican después de muertos y de los que gozan de la bienaventuranza celeste, y que todos se unen en una sola Iglesia; y creemos igualmente que en esa comunión está a nuestra disposición el amor misericordioso de Dios y de sus santos, que siempre ofrecen oídos atentos a nuestras oraciones" (Beato Pablo VI, Credo del Pueblo de Dios, 30).

miércoles, 29 de octubre de 2014

V Centenario del Nacimiento de santa Teresa de Jesús (1515-2015)


Con motivo del V Centenario del Nacimiento de santa Teresa de Jesús el 28 de marzo de 1515 en la ciudad de los Caballeros, ciudad castellana de Ávila, en la casa familiar de los Cepeda, hoy sobre el solar se levanta la Casa Natal de la Santa y contigua  a ésta, la Iglesia de la Santa, regentada como es, por los PP. Carmelitas descalzos, donde reposan también los restos del Venerable Balbino del Carmelo, fraile abulense de las primeras décadas del s. XX que la iglesia ha reconocido que vivió las virtudes en grado heroico.

 El venerable Balbino del Carmelo, muerto en olor de santidad el 12 de mayo de 1934 en el convento de la Santa de Ávila, donde reposan y encuentran sus restos. El 7 de septiembre de 1989 San Juan Pablo II, reconoció la heroicidad de sus virtudes

Queremos rendirle un homenaje a esta gran santa del s. XVI de nuestro país, impulsora de una espiritualidad centrada en Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre, que ha salvado al hombre y quiere que se salve por medio de su gracia, la de Dios, y por el esfuerzo del hombre. Reformadora del Carmelo, fundadora de conventos palomarcicos de la Virgen, por medio de ella Dios nos ha dado otros grandes santos como san Juan de la Cruz, santa Teresa del Niño Jesús y la infancia espiritual, santa Teresa de Jesús de los Andes, santa Teresa Benedicta de la Cruz, santa Mª Maravillas de Jesús, beata Isabel de la Trinidad, beata Mª Cándida de la Eucaristía, beata Elia de san Clemente, beata Mª Josefina de Jesús Crucificado, beata Mariam de Jesús Crucificado (Arabita), y tantos/as otros/as en proceso de canonización, como carmelitas descalzas fieles hijas espirituales de la santa Madre, especialmente españolas camino de los altares, tanto de su época como de siglos sucesivos hasta nuestros días,... de las que damos una entrada en este blog,...

Arriba: san Juan de la Cruz, santa Teresa de Jesús, santa Teresa del Niño Jesús, centro Reina y Madre del Carmelo que proteje al Niño Salvador. Abajo, Beata Isabel de la Trinidad, santa Teresa Benedicta de la Cruz y santa Teresa de Jesús de los Andes.

Una mujer, hoy ya santa, doctora de la Iglesia, patrona junto a la Madre de Dios, en su misterio de la Inmaculada, de España, patrona de los escritores españoles, modelo de toda contemplativa que se dejó enamorar por el Esposo y enamoró a a almas para conducirlas al Esposo, fue alma de fe, de esperanza y caridad, madre de tantos/as carmelitas descalzos/as e incluso de la Antigua Observancia, que por medio de sus escritos y vida han sabido reflejar el amor a Jesucristo en pobreza, obediencia y castidad.

María, Reina y Madre del Carmelo que protege a la familia carmelitana en presencia de los dos santos doctores de la Iglesia y el profeta san Elías. Iglesia de la Santa, Ávila
Santa Teresa de Jesús se encuentra con san Juan de la Cruz en Duruelo, Ávila, primera fundación de los padres carmelitas descalzos de la reforma el 28 de noviembre de 1568.

Santa Teresa de Jesús se encuentra con san Juan de la Cruz junto al P. Antonio de Jesús Heredia en Duruelo, Ávila, primera fundación de los padres carmelitas descalzos de la reforma el 28 de noviembre de 1568. Iglesia de la Santa, Ávila.

Nos adherimos en la oración por los frutos de santidad que Dios nos concederá por su gracia en esta conmemoración jubilar, que el Papa Francisco por medio de la penintenciaría apostólica ha ordenado un año jubilar conllevando alcanzar la indulgencia plenaria

El Santo Padre concede la gracia de Año Jubilar para España por el Centenario de Santa Teresa

Con motivo del 400 aniversario de la beatificación de Santa Teresa, que celebramos este 24 de abril de 2014, el Obispado de Ávila quiere comunicar el Decreto de la Penitenciaría Apostólica, por el cual el Papa Francisco concede la gracia de Año Jubilar Teresiano en España, desde el día 15 de octubre de 2014 hasta el 15 de octubre de 2015, con el fin de celebrar con solemnidad el V Centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús.
Con él, se concederá la Indulgencia Plenaria a los fieles verdaderamente arrepentidos, con las condiciones acostumbradas: Confesión Sacramental, Comunión Eucarística y Oración por las intenciones del Romano Pontífice. En fechas posteriores, se comunicará oportunamente cuáles serán los templos o santuarios jubilares donde los fieles puedan lucrar la Indulgencia Plenaria.
Asimismo, el Santo Padre ha concedido durante el Año Jubilar la gracia de impartir la Bendición Papal a todos los fieles cristianos presentes, que verdaderamente arrepentidos y movidos por la caridad, hayan asistido a los Ritos Sagrados y cumplan con las condiciones anteriormente citadas.
Cabe recordar que en su día el Obispo de Ávila solicitó la declaración de Año Jubilar por el V Centenario del nacimiento de Santa Teresa, y más tarde, durante la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal de noviembre de 2011 el entonces presidente, Cardenal Antonio María Rouco Varela, remitió un escrito al Santo Padre en el que, además de solicitar también este Año Jubilar, se recordaba la vida de santidad de Teresa de Jesús, y la intención de celebrar solemnemente su Centenario con actos litúrgicos especiales y diversas prácticas espirituales, que permitan promover la devoción a la Santa abulense.

Cada obispo ha dispuesto por la autoridad que le compete en su comunidad diocesana, elegir diferentes templos donde  recibir la Indulgencia plenaria.

             Fachada de la Iglesia de la Santa de Ávila, sobre el solar donde se encontaraba la casa de Teresa de Jesús
                         Fachada del Monasterio de la Encarnación dónde ingresó la santa un 2 de noviembre de noche.
                                    Entrada a la clausura del Monasterio con diferentes reliquias de la época.
                                                                    Altar y retablo del Monasterio.
                                                        Patio central del monasterio.
        Uno de los pasillos del patio que rodea

Cristo muy llagado, al que la santa al contemplarlo en una cauaresmo en la Encarnación, sintióse pecadora y se convirtió
Locutorio donde conversaban de Dios Teresa de Jesús y Juan de la Cruz durante el periodo de su priorato en la Encarnación tras la fundación de san José en 1562 por obediencia a los superiores, en él se han contemplado arrobados dialogando de sus experiencias de fe y de Dios.
                                                                           Celda de la santa en el Monasterio.
                                                   Capilla de la Transverberación, capilla anexa a la Iglesia conventual
Escalera del monasterio, donde según la santa encontró a un niño y por asombró, éste le preguntó quien era,  le respondió Teresa: Soy Teresa de Jesús y ella le volvió a preguntar quien era él, y éste le respondió Jesús de Teresa. La escena representa el acontecimiento.

Fachada del primer convento de carmelitas descalzas de san José de Ávila el 24 de agosto de 1562 con 4 monjas y con unas poquitas casas.
Retablo y nave de la Iglesia conventual de san José, primer templo dedicado al patriarca y padre putativo del Salvador, con capillas laterales y en el altar a mano izquierda el coro de las carmelitas descalzas.
Capilla de san Pablo. 1ª capilla de la comunidad donde se consagró la iglesia y se expuso el Santísimo Sacramento, en dicha capilla se consagraron las primeras 4 monjas de la Comunidad en la presencia de santa Teresa de Jesús, el clérigo Gaspar Daza, delegado episcopal le entregó el decreto episcopal de Mons. Álvaro de Mendoza.
Celda de santa Teresa de Jesús en el convento de san José, expresón de sencillez y pobreza, lugar del encuentro con el Esposo
                                                                                   Jardín del convento
 
 
Fachada de la puerta del convento dando acceso al torno, a la clausura, y al locutorio. Hall y torno donde la monja tornera o portera atienden a las personas que se acercan a la comunidad descalza. Locutorio de san José de Ávila.

Coro conventual del convento de san José de Ávila, donde la priora mayor es la santa Madre.

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