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miércoles, 3 de diciembre de 2014

Órdenes mendicantes después de la reforma teresiana.II

MERCEDARIOS DESCALZOS

 La comunidad de mercedario descalzos de Toro (Zamora)
Mercedarios descalzos

"La Orden es un Instituto clerical de derecho pontificio que orgánicamente se compone de religiosos, clérigos y no clérigos, que se consagran a Dios y al servicio de la Iglesia solemnemente por los tres votos comunes de perfección evangélica, añadiendo uno especial en virtud del cual el mercedario promete dar la vida, como Cristo la dio por nosotros, si fuere necesario, para salvar al cristiano que se halla en extremo peligro de perder la Fe, en las nuevas formas de cautividad; goza de propia autonomía para un servicio más universal y eficaz al Reino de Dios, en el que todos los hermanos participan, aunque de diversas formas, según la variedad de vocación; participan de iguales derechos y deberes a norma de estas Constituciones; llevan como signo de consagración el hábito y calzado tradicionales.
          El título oficial de la Orden es: "Orden de Descalzos de Nuestra Señora de la Merced, Redención de Cautivos Cristianos", o en su forma abreviada: "Padres Mercedarios Descalzos"; y después del nombre del religioso, las siglas: O.M.D." ( Constituciones, n.13).
          "Nuestra Orden se eleva y constituye primordialmente sobre el fundamento de la caridad como una verdadera sociedad en la Iglesia de Cristo, que tiene por Padre a Dios, por hermano a Cristo y por madre a la Iglesia, en la que la muchedumbre de los creyentes tiene un corazón y una sola alma (Hech 4,32).
          Intenta realizar en sí misma en toda su plenitud los consejos de perfección mediante la práctica de una perfecta vida común, expresada y fomentada por la unión fraterna y el don de la vida religiosa, asociando su mente y sus fuerzas a todos los operarios evangélicos, cuya misión es extender el Reino de Dios; pero de modo más directo con todas las fraternidades mercedarias que sienten y viven del mismo anhelo de la caridad redentora del santo Fundador" (Constituciones, n.14).
          "Es característico de nuestra Recolección ser contemplativa y activa, de modo que ambos aspectos se integran armónicamente y se complementan, pues la contemplación y la acción son en la Iglesia manifestaciones vitales del mismo amor: "Nadie debe ser tan ocioso que en el mismo ocio no piense en la utilidad del prójimo, ni tan activo que no busque la contemplación de Dios".
          Así pues, toda la vida religiosa de los miembros de nuestra Orden ha de estar saturada de espíritu apostólico y toda su acción apostólica ha de estar animada por el espíritu religioso.
"Todos los miembros de la comunidad se ayudan mutuamente en la acción y en la contemplación" (Constituciones, n. 21).

MERCEDARIAS DESCALZAS

Las Mercedarias Descalzas son una Orden de vida contemplativa que tuvo su origen en el siglo de oro de las Reformas de las comunidades religiosas en España. En la Orden de la Merced, fundada por San Pedro Nolasco, destacó la figura de Fray Juan Bautista del Santísimo Sacramento, reformador y fundador de la Descalced Mercedaria. Fray Juan Bautista vivía una vida entregada por entero a la oración y al ejercicio de las virtudes, lo que fructificaba en su apostolado redentor entre las almas. Sin embargo, veía la decadencia de su Orden y anhelaba una reforma al modo de la que habían llevado a cabo Carmelitas, Trinitarios y Agustinos: "Son muchos los Religiosos de la Merced que, bajo el pretexto de encontrar mayor perfección en el sendero de la virtud, cambian su hábito por el de otras Órdenes ya reformadas. ¿No podrían remediarse estas mudanzas si, al fin, se llevase a cabo una auténtica Reforma dentro de la Orden de la Merced?". El deseo de Fray Juan Bautista era ver su Orden restituida a la estrechez de su principio y perfección en que la impuso su glorioso Fundador San Pedro Nolasco. El 8 de mayo de 1603, en la capilla de Nuestra Señora de los Remedios de Madrid, tomaban el nuevo hábito reformado seis Mercedarios, sembrando así el inicio de la que será una nueva Orden en la Iglesia. Fray Juan Bautista fallecía el 5 de octubre de 1616.


De la mano de la Descalced Mercedaria de los frailes, numerosas mujeres habían solicitado vivir este mismo espíritu de vida centrada en Dios, con mayor pobreza y penitencia. Estas mujeres eran llamadas “beatas”, vestían el hábito reformado y profesaban votos privados, viviendo en sus propias casas. Siguiendo las directrices del Santo Concilio Tridentino se constituyeron en comunidad religiosa de clausura.

  Beata Mariana de Jesús, iniciadora de las mercedarias descalzas

El primero de sus monasterios fue el de Lora del Río, fundado el 8 de junio de 1617. A éste les siguieron diversas fundaciones que llegaron a extenderse por los territorios americanos del Imperio Español y por Italia. Las fuerzas anticlericales suprimieron varios de los monasterios, quedando en la actualidad cinco en España y uno en la India, fundado en 1997.

Las monjas Mercedarias Descalzas se rigen por la Regla de San Agustín y por Constituciones propias que recogen el espíritu de la Reforma centrado en la vida sencilla toda para Dios, en la oración continua, la fraternidad gozosa… todo ello orientado a la finalidad redentora de la liberación de la esclavitud del pecado al que tantos hombres se encuentran sometidos. Su vida transcurre dedicada a la alabanza redentora, con el rezo del Oficio Divino, dos horas prescritas de oración mental, y dedicadas a diversos trabajos en los obradores de dulces, en labores de bordados, etc. Siguiendo la norma de Santa Teresa de Jesús, el número máximo de monjas por monasterio es de 21.

 Mercedarias Descalzas de Arcos de la Frontera (Sevilla)



viernes, 28 de noviembre de 2014

Órdenes mendicantes después de la reforma teresiana.


Cómo en la anterior entrada, en este iremos viendo la influencia teresiana en las órdenes mendicantes de la época, especialmente en España.

CARMELO CALZADO

Los Carmelitas nacieron, hacia finales del siglo XII, de un grupo indefinidos, no bien conocido de laicos, peregrinos y cruzados que, cansados de la guerra o deseosos de aguardar la definitiva venida del Señor que, según la mentalidad apocalíptica, tendría lugar en Jerusalén, se retiraron a la montaña del Carmelo, donde adoptaron el estilo de vida eremítico, en boga por aquel entonces, como oposición y reforma al movimiento monástico. Estos primeros Carmelitas se dedicaron a la oración y la meditación de la Palabra de Dios.

Aquellos primeros carmelitas, antes de estructurarse en colegio, lo que tendrá lugar con la Regla, eran ermitaños independientes, por libre, que buscan la perfección a través de la soledad, en donde tratar de luchar contra el diablo -el combate con el diablo, propio de la espiritualidad del desierto- y contra todos los enemigos del hombre verdaderamente cristianos, las pasiones. Posteriormente,

En un segundo momento, entre 1206-1214, pidieron a san Alberto Avrogardo, patriarca de Jerusalén, residente en San Juan de Acre que les diese una Regla, una formula de vida, por la que regirse, y en la que define el ideal carmelitano como “vivir en obsequio de Jesucristo, sirviéndole fielmente con corazón puro y buena conciencia”.

La falta de seguridad en Tierra Santa provoca que, a partir de 1220, los Carmelitas comiencen su emigración hacia Europa estableciéndoos en Chipre, Sicilia, Francia, Inglaterra. En 1291, con la caída de San Juan de Acre, se acaba con la presencia de los Carmelitas en el Monte Carmelo.

La mitigación de la Regla, las adaptación de la misma a las nuevas exigencias de la vida religiosa, por parte de Inocencio IV, 1247, es el punto de partida de la adaptación de la Orden del Carmen de sus orígenes eremíticos al esquema de vida mendicante, al permitirse a los Carmelitas fundar sus conventos en las ciudades y dedicarse a predicar y confesar al igual que los otros Mendicantes, aunque no será hasta el II Concilio de Lyón cuando oficialmente sean considerados Mendicantes, al lado de los Dominicos, Franciscanos, y Ermitaños de San Agustín.

Establecidos en Europa, y buscando señas de identidad con las que poder ser reconocido por la gente, desarrollan la devoción al profeta Elías, al que presenta en su doble vertiente, como prototipo de del ermitaño dedicado por entero a la contemplación, y por otra parte como modelo de vida mixta en cuanto conjuga la acción y la contemplación.

Igualmente, desarrollan la piedad mariana que termina por identificarles como la Orden de la Virgen, siendo a partir del establecimiento en Europa cuando se generaliza el título con el que oficialmente se conoce la Orden. Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo

Aquellos carmelitas de los últimos tiempos medievales, que pretendían vivir en obsequio de Jesucristo, se caracterizaron por: La contemplación, fundamento de la vida y del apostolado del carmelita, la oración, y con ella la meditación, el recogimiento y el silencio, la ascesis, que implica la sobriedad de vida, la pobreza, que implica la vida humilde y de dependencia de los demás, el apostolado, tanto en sus iglesias como fuera de ellas.

CARMELITAS DESCALZOS

 San Juan de la Cruz
 Santa Teresa de Jesús

El Carmelo Descalzo reconoce como madre y fundadora a Santa Teresa de Jesús, y además con él nos encontramos con la única Orden que ha tenido por fundadora a una mujer, y, a diferencia de la otras ordenes, con rama masculina y femenina, ha sido la femenina, la que ha precedido a la masculina.

No vamos a entrar en la vieja polémica entre el carisma del reformador y el carisma del fundador. En la Madre Teresa de Jesús se dio, "querer conservar la continuidad del Carmelo", lo novedoso no es el pasado en sí, sino el progreso, la mirada al futuro, lo que nos lleva a pensar que Santa Teresa de Jesús "quiso que naciese un nuevo estilo de vida religiosa", y lo hace siempre en fidelidad a la Iglesia.

Lo que acabamos de decir es una afirmación que pasará a las constituciones donde nos definimos como "una Orden antigua, que hermana la fidelidad a la tradición espiritual del Carmelo con un afán de renovación permanente". Tradición y afán de renovación, dos actitudes legadas al Carmelo Descalzo por su madre y fundadora Santa Teresa de Jesús.

En el tiempo, siete años, que media entre la visión del infierno, lo que motiva en Santa Teresa de Jesús el deseo de vivir a mayor perfección, 1559, y la visita del General de la Orden, P. Rubeo, a Ávila, 1566, se define el ideal teresiano, donde al fin va a predominar lo fundacional sobre los reformador, pues aunque hay en ella un entronque con lo anterior, una búsqueda de la regla primitiva, un deseo de ir a las fuentes de lo carmelitano, los "padres nuestros de donde venimos", lo novedoso en ella es "la voluntad de autodeterminación" a algo, que, vivido interiormente por ella, va a ser transmitido al grupo o familia por ella iniciada.
MM. Carmelitas Descalzas de Plasencia (Cáceres) junto al Prepósito General P. Saverio Canistra y el Provincial de Castilla el P. Miguel Márquez

En Santa Teresa de Jesús hay un crecimiento que va desde su deseo de reformarse a ella, o de reformar su orden, lo que motiva la fundación de San José de Ávila, 1562, a una preocupación eclesial, el de la unidad de la Iglesia, la vieja cristiandad, y finalmente, la preocupación apostólica al descubrir la misión, los nuevos espacios que se abren para la Iglesia en el América, el nuevo mundo.

Una comunidad de Carmelitas Descalzos de Polonia
 Comunidad de Carmelitas Descalzos del Desierto de san José de Las Batuecas (Salamanca)
 Comunidad de Carmelitas Descalzos del Burgo de Osma (Soria)
Una comunidad de Carmelitas Descalzos de novicios estudiantes

El final de todo este proceso será el desarrollo fundacional que se desata y que llenará el resto de su vida, 1567-1582, y el dar a luz a los frailes descalzos, lo que acontece con San Juan de la Cruz y el P. Antonio de Jesús en Duruelo, 28 de noviembre de 1568, a los que transmite no sólo su estilo de vida, sino también su pasión o preocupación por la Iglesia y por la salvación de las almas, su ideal apostólico y misionero.

AGUSTINOS RECOLETOS O DESCALZOS

Fray Luis de León escribe las constituciones de los frailes agustinos recoletos en Talavera de la Reina (Toledo) en 1588 y serán aprobados en 1910 por el Papa san Pío X

La antigua Orden de Agustinos Descalzos de Filipinas y de las Indias u Orden de Recoletos de San Agustín (ORSA), conocida cómo Orden de Agustinos Recoletos (OAR) es una Orden religiosa perteneciente a la Iglesia Católica surgida en el siglo XVI y que en el año 2012 está presente en 19 países alrededor del mundo y se encuentra conformada por cerca de 1.200 sacerdotes y religiosos. Además de los monasterios de monjas de clausura, las comunidades de religiosas de vida apostólica, la Fraternidad Seglar, laicos que viven según la regla de la Orden, y las comunidades de jóvenes agustinos recoletos.

Introducción

La nueva orden surge de la Orden de San Agustín, en el siglo XVI, cuando el Capítulo de la Provincia de Castilla, celebrado en Toledo en 1588, determinó, a petición de algunos religiosos agustinos, que en algunas casas se viviera un modo de vida distinto. Nacen así los Agustinos «Recoletos» como una forma de vivir más intensamente la interioridad. A los pocos años de iniciarse la recolección, en 1606, parte la primera expedición misionera a Filipinas. Después de más de tres siglos de historia, en 1912, los agustinos recoletos fueron reconocidos por la Iglesia Católica como orden religiosa mediante el Breve Pontificio "Religiosas Familias" de san Pío X.

Primera orden o Rama masculina

Resumen histórico

Novicios frailes agustinos recoletos en Monteagudo (Navarra)

Los agustinos recoletos nacen de la restauración católica de la segunda mitad del siglo XVI. En diciembre de 1588, en el seno de la provincia agustiniana de Castilla, con ánimo de instaurar un sistema de vida más austero y perfecto. La Forma de vivir, redactada por Fray Luis de León, fue aprobada por el definitorio provincial en septiembre de 1589 y, ocho años más tarde, obtuvo la confirmación pontificia. Sus catorce capítulos traducen y concretan el deseo de mayor perfección en una intensificación de la vida contemplativa y comunitaria y en una acentuación de los rasgos ascéticos de la vida religiosa. Comenzaron a practicarse en el convento de Talavera de la Reina en octubre de 1589.

En 1602 la Santa Sede desligó los cinco conventos reformados de la obediencia del provincial agustino de Castilla y erigió con ellos la «Provincia de san Agustín de frailes recoletos descalzos de España». La provincia continuaba dependiendo del prior general de la orden, a cuya autoridad, sin embargo, se señalaban límites precisos. En adelante, no podría modificar sus estatutos ni visitar sus conventos sin la compañía de dos frailes reformados.
Tres años más tarde, en 1605, el segundo capítulo provincial abrió a la reforma el horizonte misional. Esta determinación perfeccionó el carisma de la nueva orden, acomodándolo más al modelo agustiniano. Al igual que san Agustín había rechazado la tentación de huir al desierto, la Recolección rechazó la de recluirse en el convento, asoció al «ocio santo» el «negocio justo» y acudió en ayuda de la madre Iglesia que solicitaba su concurso para alumbrar nuevos hijos para Dios.
En 1621 la santa sede elevó la provincia al rango de congregación religiosa, encomendando su gobierno a un vicario general elegido por sus miembros. El prior general de la orden de agustinos conservaba intacta la jurisdicción, pero la presencia de una autoridad supraprovincial dentro del cuerpo de la reforma contribuyó a afirmar su propia identidad y a desvincularla de la orden. En el mismo año se celebró el primer capítulo general, y en él se dividió la congregación en cuatro provincias. Tres tenían todos sus conventos en España; la cuarta, en Filipinas.
Otros hitos importantes en este proceso de búsqueda y afirmación de la propia individualidad son la publicación de las primeras Constituciones propias (1631 y 1637), del ceremonial (1639–1640), libro muy importante en una comunidad de tendencia contemplativa, y de la historia general de la congregación (1664).
A principios del siglo XVII, y a imitación de la Recolección castellana, surgió otro movimiento reformista entre los agustinos colombianos. En 1604, el definitorio de la provincia de nuestra Señora de Gracia asignó a sus promotores el convento de El Desierto de la Candelaria y les dio unas normas de vida substancialmente idénticas a las de Fray Luis de León. En 1616, los recoletos colombianos, que ya contaban con los conventos de Panamá y Cartagena, adoptaron la Forma de vivir de la Recolección española , en 1629 se incorporaron a ella y en 1666 pasaron a formar la quinta provincia de la congregación.
En el siglo XIX la congregación experimenta un cambio profundo. Las desamortizaciones de España (1835–1837) y Colombia (1861) la despojaron de sus conventos, impidieron la vida común y la transformaron en una comunidad apostólica y misionera. Durante más de un siglo las misiones y el apostolado ministerial han sido las ocupaciones casi exclusivas de sus miembros.
A principios del siglo XX, la comunidad consiguió su plena autonomía jurídica. Importante fue el Capítulo General que tuvo lugar el Monasterio de San Millán de la Cogolla, (La Rioja, España) en 1908, en el que se acepta el cambio de orientación de la Orden. Por rescripto del 18 de julio de 1911, la congregación de religiosos sancionó su total independencia del prior general de los agustinos. Un año más tarde, el día 16 de septiembre de 1912, san Pío X la inscribía en el catálogo de las órdenes religiosas, concediendo a su superior el título y las facultades de prior general.

Frailes famosos

Segunda orden oagustinas recoletas

 Las comunidades de las agustinas recoletas de Serradilla (Cáceres) y La Calzada de Oropesa (Toledo)

El carisma agustino recoleto es compartido por los monasterios de monjas agustinas recoletas, o segunda Orden, nacidas en el mismo tiempo y con las mismas aspiraciones espirituales que los primeros recoletos. Las hermanas con su vida contemplativa ponen de relieve esta dimensión fundamental del carisma agustino recoleto.

El origen de la recolección femenina es idéntico al de la masculina. El mismo capítulo de Toledo de los Agustinos mandó destinar tres o más monasterios para monjas que desearan abrazar una vida más austera. En cumplimiento de esta orden, el 24 de diciembre de 1589 se abría en Madrid el primero de ellos y se imponía el hábito a las primeras candidatas. En 1594 fundaron el segundo convento en Salamanca. Pero sólo a principios del siglo XVII aparece la figura carismática que enciende sus ánimos y da cauce jurídico a sus aspiraciones.
 La sierva de Dios Mariana de san José

Es la Madre Mariana de San José quien en 1603, en estrecha colaboración con el padre Agustín Antolínez, catedrático de Salamanca, organiza en Éibar el tercer convento y da reglas más completas y acordes con la espiritualidad del momento.

Esas constituciones, aprobadas por Paulo V en 1616, proponían un programa religioso que en nada difería del delineado en la Forma de Vivir de los frailes. Ambos textos coinciden en el vigor de su tensión religiosa, en su entonación comunitaria y en sus exigecias ascéticas. Con estas Constituciones en la mano y en el corazón la madre Mariana pudo iniciar el despliegue que en pocos años condujo a las recoletas a las principales ciudades de España y a algunas extranjeras: Lisboa, Galway (Irlanda), México, Oaxaca, Guadalajara y Lima. A finales del siglo XVII contaba con 37 monasterios. En ellos varios centenares de hermanas agustinas recoletas vivieron y viven su historia de amor a Jesucristo, dedicadas a la oración y las alabanza divinas, en clima de silencio y sencillez, en urgencia de caridad fraterna, intercediendo por la extensión del Reino de Cristo en todo el mundo. En todos estos monasterios han vivido siempre almas selectas que han mantenido muy alto el nivel religioso de la comunidad. Cabe recordar a Antonia de Jesús (1612-95), fundadora de los conventos de Granada, Chiclana, y Medina Sidonia; a Isabel de la Madre de Dios (1614-87), fundadora de Serradilla y Calzada; a Guadalupe Vadillo (1874-1967), restauradora de la Recolección en México; Esperanza Ayerbe (1890-1967), misionera en China y cabeza de las Misioneras Agustinas Recoletas; y a Mónica de Jesús (1889-1964), una humilde hermana, cuyas virtudes heroicas han sido reconocidas por la Iglesia (1992). Tienen actualmente 46 monasterios: España (28), México (13), Estados Unidos (1), Filipinas (1), Brasil (1) y Kenia (2). Los monasterios de agustinas recoletas están agrupados en dos federaciones, la de España y la de México

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Influencia de santa Teresa de Jesús en el movimiento reformador de las órdenes tanto mendicantes como monásticas, de la época

San Pedro de Alcántara, ofm y santa Teresa de Jesús, coetáneos alaban a Nuestro Señor
San Francisco de Borja, jesuita y 3º prepósito general, en una de sus visitas a Ávila y santa Teresa de Jesús 
 Santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz veneran a la Sagrada Familia de Nazareth.
                                     San Juan de la Cruz y santa Teresa de Jesús adoran al Crucificado, a su Amor.
San Pedro de Alcántara, franciscano, iniciador de los descalzos, y santa Teresa de Jesús
San Agustín de Hipona, padre y doctor de la Iglesia en Occidente y santa Teresa de Jesús adorando el Amor de Dios en la Comunión y su Encarnación.
San Agustín de Hipona, padre y doctor de la Iglesia en Occidente y santa Teresa de Jesús, inspirados por el Espíritu Santo.
San Juan Bautista de la Concepción, reformador de la Orden Trinitaria, la descalcez, en su paso por Almodóvar del Campo (Ciudad Real) pueblo natal del santo y de san Juan de Ávila, se hospedó la santa en la casa del santo trinitario, siendo él, niño, le profetizó la obra que asistiría, la reforma de la orden Trinitaria.
La sierva de Dios Ángela Mª de la Concepción, iniciadora junto con san Juan Bta. de la Concepción de las monjas trinitarias descalzas, su primer convento, el del Toboso (Toledo) bebiendo de la espiritualidad teresiana.

El P. Juan Bta. del Santísimo Sacramento y la Beata Mariana de Jesús iniciadores de la descalcez mercedaria, bebiendo de la espiritualidad teresiana.
Fray Luis de León, escritor de las constituciones de 1588 de los nuevos frailes agustinos, recoletos y la sierva de Dios Mariana de san José, fundadora de las agustinas recoletas. Los dos estuvieron en contacto con santa Teresa de Jesús. La sierva de Dios Mariana de san José estuvo en contacto con ella en Alba de Tormes, el fraile agustino le biografió.

San Juan de Ribera y la M. Mariana de san Simeón, fundador y la 1ª hermana de las agustinas descalzas, que beben de la regla de san Agustín y de la espiritualidad teresiana, de hecho la primera comunidad convivió con varias carmelitas descalzas para asimilar dicha espiritualidad.

Fue Santa Teresa de Jesús, una gran mujer de fe, que movió montañas, habiendo puesto los  ojos en el Señor Jesús, aquel le había llamado para sí, se confió a Él, a su Majestad, Amor que le había amado desde siempre como a nosotros nos ama desde todos los siglos. Éste fue el descubrimiento que le llevó a fijar toda su vida en Aquel que le salvó para toda la eternidad. Este Amor recibido de Jesucristo desde siempre especialmente en su misterio Pascual, Pasión Muerte y Resurrección, le movió a reformar la orden de las vírgenes consagradas del jardín del Carmelo, pues fue Él quién, le inspiró la reforma de la Iglesia desde la vida monástica; desde el claustro, la mortificación sana, la soledad, la oración, el sacrificio, la vida de virtudes (fe, esperanza, la caridad,...), la alegría, la fraternidad,.. Infundió Fe, Esperanza y la Caridad desde la experiencia de la vida cristiana, de la vida en comunidad, desde aquel pequeño monasterio de san José de Ávila y desde el resto de fundaciones, aquellas esposas contemplativas de Jesucristo que desde su comunidad irradiaban el Amor de Dios al resto de la Iglesia en un periodo de la Historia de la Iglesia no fácil, con el movimiento luterano, anglicano,.. divisiones en la Iglesia y que hacían daño en motivos de vivencia de la fe, en el individualismo,... 

Tras dejar una honda huella de olor a Cristo, que compartió a otros a seguir la huella de Cristo, es el caso de san Pedro de Alcántara, san Juan de la Cruz, san Juan de Ávila, san Luis Bertrán, san Francisco de Borja, la Beata Ana de san Bartolomé, Beata María de Jesús López, la venerable Ana de san Agustín, el siervo de Dios Jerónimo de la Madre de Dios Gracián  de algún modo, 

Es verdad que de alguna manera pudo influir el movimiento de la descalcez entre las clarisas, es decir la reforma de las monjas clarisas llevadas a cabo por santa Coleta de Corbie o las capuchinas de la sierva de Dios Mª Lorenza Longo, en un espíritu de mayor pobreza, soledad, oración, fraternidad, sacrificio, abandono en la Divina Providencia,...

 santa Coleta de Corbie, fundadora de las clarisas descalzas.
sierva de Dios Mª Lorenza Longo, fundadora de las clarisas capuchinas

Un ejemplo: Los Agustinos Recoletos o descalzos.

Los Agustinos Recoletos en España o los Agustinos Descalzos en Italia, son una orden religiosa formada que, viviendo la vida fraterna en comunidad, quieren seguir a Cristo, casto, pobre y obediente; buscan la verdad y están al servicio de la Iglesia; se esfuerzan por crecer en la caridad según el carisma de san Agustín y la intensidad propia de la Recolección, movimiento de interioridad y radicalidad evangélica. 
Su proyecto de vida es el propio de una orden religiosa, suscitada bajo el impulso del Espíritu Santo y aprobada por la Iglesia: viviendo en comunión de hermanos, desean seguir a Cristo, casto, pobre y obediente; buscan la verdad y están al servicio de la Iglesia; se esfuerzan por conseguir la perfección de la caridad según el carisma de san Agustín y el espíritu de la recolección.
El carisma es una experiencia del Espíritu Santo que implica un modo específico de ser, una específica misión y espiritualidad, estilo de vida fraterna y estructura al servicio de la misión eclesial. El carisma agustiniano se resume en el amor a Dios sin condición, que une las almas y los corazones en convivencia comunitaria de hermanos, y que se difunde hacia todos los hombres para unirlos en Cristo dentro de su Iglesia. La vivencia del propio carisma les transmite la vitalidad que procede del Espíritu Santo, los renueva constantemente y los impulsa a la formación permanente para estar disponibles en el servicio de la Iglesia.
Patrimonio espiritual de la Orden son la vida, la doctrina y la Regla de San Agustín, la “Forma de vivir” de los comienzos de la recolección y el testimonio de santidad de tantos hermanos que, fieles al Espíritu, han dado vida a su historia.
Las Constituciones son la expresión del carisma de la Orden y proponen la manera peculiar de seguir a Jesús respondiendo a la vocación de agustinos recoletos. En ellas se integran los tres aspectos constitutivos del carisma: el amor contemplativo, el amor ordenado comunitario y el amor difusivo apostólico.
La Orden está formada por religiosos sacerdotes y religiosos hermanos; todos ellos viven su vocación, comparten la vida fraterna en la comunidad y tienen una misión que realizar.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Con motivo del V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa de Jesús (1515-1582) 2015

 SANTA TERESA DE JESÚS


Nace en Ávila el 28 de Marzo de 1515, en la casa señorial de Don Alonso Sánchez de Cepeda y Doña Beatriz Dávila de Ahumada. Eran 10 los hermanos de Teresa y 2 los hermanastros, pues su padre tuvo dos hijos en un matrimonio anterior.

Es bautizada el 4 de Abril del mismo año en la parroquia de san Juan Bautista de la ciudad de Ávila.

 Iglesia de san Juan Bautista de la ciudad de Ávila
Pila bautismal de san Juan, Ávila, donde fue bautizada la santa

Desde muy pequeña manifestó interés por las vidas de los santos y las gestas de caballería. A los 6 años  llegó a iniciar una fuga con su hermano Rodrigo para convertirse en mártir en tierra de moros, pero fue frustrada por su tío que los descubre aún a vista de las murallas.

Juegan entonces a ser ermitaños haciéndose una cabaña en el huerto de la casa.
Patio donde jugaban a hacer ermitas.

Reina entonces en España un espíritu de aventura y conquista: parten guerreros a Flandes, conquistadores a América, y la literatura vive de este espíritu. En manos de Teresa caen algunos de estos libros y entonces ella sueña con ser una de las damas que se acicalan y perfuman para sus galanes ilustres. El coqueteo le gusta, pues encuentra además la complicidad de sus primas y la corteja un primo suyo.

Su madre muere en 1528 contando ella 13 años, y pide entonces a la Virgen que la adopte hija suya. Sin embargo sigue siendo “… enemiguísima de ser monja,” (Vida 2,8), y al ver su padre con malos ojos su relación con su primo, decide internarla en 1531 en el colegio convento de Gracia, regido por agustinas, donde ella echará de menos a su primo pero se encontrará muy a gusto.

Monasterio de Ntra. Sra. de Gracia, de monjas agustinas

A medida que se hace mayor, la vocación religiosa se le va planteando como una alternativa, aunque en lucha con el atractivo del mundo.

Su hermano Rodrigo parte a América, su hermana María al matrimonio y una amiga suya ingresa en La Encarnación. Con ella mantendrá largas conversaciones que la llevan al convencimiento de su vocación, ingresando, con la oposición de su padre, en 1535.

 Monasterio de la Encarnación de Ávila.
  Monasterio de la Encarnación de Ávila

Dos años después, en 1537, sufre una dura enfermedad, que provoca que su padre la saque de la Encarnación para darle cuidados médicos, pero no mejora y llega a estar 4 días inconsciente, todo el mundo la da por muerta. Finalmente se recupera y puede volver a La Encarnación dos años despues en 1539, aunque tullida por las secuelas, tardará en valerse por sí misma alrededor de 3 años.

Muere su padre en 1544.

La vida conventual era entonces muy relajada con cerca de 200 monjas en el monasterio y gran libertad para salir y recibir visitantes. Teresa tenía un vago descontento con este régimen tan abierto, pero estaba muy cómoda en su amplia celda con bonitas vistas, y con la vida social que le permitían las salidas y las visitas en el locutorio.

En la cuaresma del año 1554, contando ella 39 años y 19 como religiosa llora ante un Cristo llagado pidiéndole fuerzas para no ofenderle. Desde este momento su oración mental se llena de visiones y estados sobrenaturales, aunque alternados siempre con periodos de sequedad.


Aunque recibe muchas visiones y experiencias místicas elevadas, es una visión muy viva y terrible del infierno la que le produce el anhelo de querer vivir su entrega religiosa con todo su rigor y perfección, llevándola a la reforma del Carmelo y la primera fundación.

Esta primera fundación será una aventura burocrática y humana con muchos altibajos: su confesor aprueba un día y reprueba otro, el Provincial apoya con entusiasmo, para luego retirarse, y el Obispo que nunca había dudado de Santa Teresa, llegado el momento titubea. En un momento parece que todo fracasa y Teresa, siempre obediente, se retira a su celda sin nada poder hacer, aunque Doña Guiomar de Ulloa y el Padre Ibáñez logran de Roma la autorización.

Por obediencia parte entonces a Toledo varios meses, para consolar a la viuda Luisa de la Cerda. Esta distancia favorecerá los progresos del monasterio de San José de Ávila, que progresan a escondidas, a pesar de los rumores. Regresará para encontrarse con el breve del Papa.

Convento de san José, Ávila, 1ª fundación teresiana.

Fundado el 24 de Agosto de 1562, encuentra una terrible hostilidad, proveniente de la Iglesia que ve ninguneada su autoridad, se alzan algunas voces pidiendo el derribo del nuevo convento, toda la ciudad está alborotada, y Teresa debe abandonarlo dejando a las cuatro novicias solas, para volver a su celda de La Encarnación. Sólo se podrá incorporar un año después de su fundación, dejando la celda amplia y las comodidades de La Encarnación por las estrecheces de San José de Ávila, pequeño y austero hasta el extremo.

Por mucho tiempo parece que la fundación de la nueva orden tendría sólo este monasterio, hasta que Teresa vuelve a llorar al saber que las necesidades de misiones en América son importantes. Escucha entonces en oración: “…Espera un poco hija, y verás grandes cosas.”, y poco después le llegan instrucciones y autorización para fundar más conventos.

Comienza aquí una intensa actividad de Santa Teresa que sólo termina con su muerte, en la que compaginará el gobierno de su orden, con las fundaciones de nuevos conventos y la redacción de sus libros, sin perder nunca el buen ánimo ni la esperanza, en la confianza de que no era su voluntad lo que estaba cumpliendo y que le llegarían los apoyos que necesitara, como así fue en todo momento.

Fundó en total 17 conventos: Ávila (1562), Medina del Campo (1567), Malagón (1568), Valladolid (1568), Toledo (1569), Pastrana (1569), Salamanca (1570), Alba de Tormes (1571), Segovia (1574), Beas de Segura (1575), Sevilla (1575), Caravaca de la Cruz (1576), Villanueva de la Jara (1580),  Palencia (1580), Soria (1581), Granada (1582) y Burgos (1582), en el año de su muerte.

La fundación de Granada la hizo Ana de Jesús, aunque en vida de la Santa, por lo que no siempre aparece en las enumeraciones.

A  estos conventos hay que sumar el primero del Carmelo masculino que funda con San Juan de la Cruz en Duruelo (1567). Santa Teresa conoció a San Juan de la Cruz en Medina del Campo contando ella 52 años y él 24, y le convenció para unirse a la reforma, olvidando sus planes de retirarse a la cartuja de El Paular.


Regresando de la fundación de Burgos, hace parada en Medina del Campo, pero es requerida en Alba de Tormes por la Duquesa de Alba. Está enferma y agotada. Muere en brazos de la Beata Ana de San Bartolomé la noche del 4 de Octubre al 15 de Octubre de 1582 (y esto por coincidir con el cambio del calendario Juliano al Gregoriano).


Muere sin haber publicado ninguna de sus obras, sin haber logrado fundar en Madrid (a pesar de su ilusión), sin haber separado la orden de descalzos de la de calzados y con dudas sobre si sus monasterios se podrían mantener con el espíritu que ella infundió.

Teresa escribió muy poco por iniciativa suya, muchas cartas, alguna poesía y anotaciones. Pero sus obras maestras son fruto de la obediencia a sus superiores, que veían el interés de que escribiera sus experiencias y enseñanzas. Y así comienza todos sus escritos mayores aceptando su encargo con obediencia, pero con notable esfuerzo por su parte.

Escribir le supone un esfuerzo importante, lo hace, en ocasiones, ocupando la otra mano con la rueca, tal y como ella explica: “…  casi hurtando el tiempo y con pena porque me estorbo de hilar y por estar en casa pobre y con hartas ocupaciones”  (Vida 10,7)

La Inquisición vigiló muy de cerca sus escritos temiendo textos que incitaran a seguir el cisma iniciado en Europa, o se alejaran en algún punto de la recta doctrina. Muchos de sus textos están autocensurados, temiendo esta vigilancia. Su manuscrito “Meditaciones Sobre El Cantar de los Cantares” lo quemó ella misma por orden de su confesor, en una época en que estaba prohibida la difusión de las Sagradas Escrituras en romance.

Su vida es fiel reflejo de lo que avisaba a sus monjas: que las gracias recibidas en la oración son para darnos fuerza en servir a los demás. Aunque Teresa es conocida por lo elevado de las gracias místicas y visiones que recibe, su oración no la aparta del mundo, sino que hace que se entregue con especial fuerza y respaldo a las obras que le son encomendadas sufriendo en viajes, discusiones y continuas trabas, burlas y desplantes de sus contemporáneos.

Fue beatificada por Pablo V en 1614, canonizada por Gregorio XV en 1622, y nombrada doctora de la Iglesia Universal por Pablo VI en 1970. La primera mujer de las 4 actuales doctoras de la Iglesia. Las otras son Santa Catalina de Siena, otra carmelita descalza: Santa Teresita del Niño Jesús y una benedictina Santa Hildegarda de Binghen.