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sábado, 29 de junio de 2013

Sierva de Dios Mª Antonia de Jesús

Mª Antonia Pereira y Andrade, nació el 5 de octubre de 1700 en Cuntis, del Arzobispado de Santiago de Compostela, provincia de Pontevedra en tierras gallegas, fue bautizada al dia siguiente, 6 de octubre. Procede de noble ascendenciapor parte materna, aunque viven sus tierras y de su arrendamiento. Su padre le enseña el catecismo, doctrina que adoptó con avidez, su madre la devoción a Ntra. Señora, el arte de hacer encaje -herencia de su abuela, originaria de Flandes- y filial devoción al santo Patriarca, San José, al cual, le llame "mi Padrino" le confíe sus cosas y reciba singulares favores de su protección.


                                        Iglesia y una de las plazas del pueblo de Cuntis (Pontevedra)

Fue dotada de una inteligencia viva y despierta que le hacía captar finamente su deber y su entorno, era su carácter manso, humilde y apacible. De un bondadosísimo corazón, sensible ante todo dolor y miseria ajenas, se iba abriendo a la vida silenciosamente: entre el rigorismo paterno en educarla, las acusaciones de los hermanos  menores que le hacían culpable de todo para escapar ellos de los castigos dados por su padre, y el suave cariño de su madre. Como la niña era tan ligera en hacer encaje, la tenían dedicada en ello, que se quedó de por vida. No llegó a conocer juego de niñas, no fue a la escuela, ni aprendió a leer ni a escribir, entonces por la severidad extraña del padre tenía con su hija, Dña María la envió a casa del abuelo paterno a Caldas de Reyes, cerca de Cuntis, siendo educada junto a otras niñas de mejores famillias con su tía María Pereira. Aunque esta no sabía ni leer ni escribir, era alma de Dios que les proporcionó una sólida formación cristiana y las imponía en labores domésticas y trabajos manuales. Allí había hecho voto de castidad y vivía de su tarbajo, renunciando a poseer otra hacienda; tenía en casa a su padre, anciano ya.

Mª Antonia, que cumplió en casa de su tía los 7 años, iba todos los días temprano a misa, meditaba en la Pasión del Señor, tomaba con ella disciplina y, ayunaba. Y luego durante el día se dedicaba al encaje de bolillos.Así durante todos los días hasta entrar en la noche, sin compensación, sólo por gusto del abuelo, que tampoco era comprensiva con ella, su tía la cuidaba.

Entonces a los 9 años quedó huérfana de padre, por intuición salió de la casa de su tía para verle y despedirse de él; tuvo en el camino una visión profética (que después comprendió) y permaneció con su madre todo ese año. Con la muerte paterna la economía se rompió y Mª Antonia volvió junto a su tía hasta los 14 años. En ese momento fue llamada por su madre a la casa materna a permanecer allí, pues Dña. María trabajaba como familiar y ama de llaves en la colegiata de Santa María de Bayona, ciudad que influyó a la joven en su vida. Allí templó su espíritu parala lucha en las grandes empresas a las que Dios, misericordiosamente, la iba conduciendo. Recibía con frecuencia los sacramentos, todos los días iba al santa Misa asistía a los sermones y funciones de la iglesia con su madre, y con ella salía rars veces de paseo. El resto del día lo dedicaba al trabajo, a hacer encajes para las albas, manteles, roquetes y sobrepellices del abad... y a hilar para hacerlas Nadie, tampoco, pensó en que la jovencita fuese a la escuela. En casa del abad se vivía un aintensa vida de caridad, era el abad el primero en socorrer a los más necesitados, madre e hija se sumaron ala causa e incluso todo aquello que hallaba en su mano y también sus propias ropas y comidas. También era intolerable a las murmuraciones hacia los demás.

                                               Parte de la ciudad junto a su puerto marítimo
                                                           Vista de su iglesia de Baiona

Su devoción, tan notable, a la Virgen María y a san José especialmente, hizo como si viviese a la sombra y educación de Nazareth; aprendió allí la ciencia del deber como humilde encuentra en la fe con el Señor; el trabajo asiduo y constante; el silencio, la obediencia confiada; la humilde aceptación del dolor como don de Dios; el sacrificio silenciosom, ofrecido con amor; la cercanía de Dios  y su  providencia paterna..., ciencia ésta por la que su alma supo pasar los duros embates de la tentación interior, constante y pertinaz contra la castidad y los exteriores combates de la misma (brutales, a veces) (todo ello siendo carente de un director espiritual lúcido y apropiado), anclada fuertemente en la fe aprendida en el catecismo y con la esperanza puetsa en Dios que d emodo admirable y por laintervención paternal de san José la ayudó en varias ocasiones. El pensar que estaba en desgracia de Dios cuando se veía tentada, hacía más dolorosa la prueba; sin embargo su voluntad permanecía tensa para no rendirse al mal. Por esta ignorancia y falta de dirección espiritual dejaba muchas veces de recibir la sagrada Comunión en estas ocasiones, cuando más necesidad tenía de ella para centrar en Jesús su corzón y templar su voluntad. No obstante esto, su alma le permanecía fiel, quizá todo ello le determinó luego a hacer una confesión general, encomendarse a Dios y dejarse aconsejar, que sin gran determinación se decidiera por el matrimonio que contrajo conun joven bueno, pobre y mozo honrado, Juan Antonio Valverde Domínguez de 22 años también, el 19 de marzo de 1722 a los 21 años. denotó su amor a la pobreza.

Sagrada Familia de Nazareth del pajarito. Bartolomé Esteban Murillo, hacia 1649-1650, óleo sobre lienzo, 144 x 188 cm., Madrid, Museo del Prado.
En su nuevo estado afrontó sus deberes delicada y decididamente. Meditó mucho, tomando en ellos por modelo de vida a la Stma. Virgen en su hogar de Nazareth. Juan Antonio, amigo de allegar bienes y nada desprendido, no comprendía el amor de su esposa por la pobreza, ni lo compartía. Por ello y tras el nacimiento de sus 2 hijos, pidió a Mª Antonia le permitiera emigrar: trabajaría en el sur de España en donde había colonias de emigrantes; cuando ganase lo enviaría para adelantar la pequeña economía del hogar. Su esposa, que veía las cosas con mayor realismo, convino en ello sólo por el bien de la paz. Y se quedó sola.
En este momento lo estaba esperando el Señor para adentrarse más en su vida. Suplicando Mª Antonia, una noche en ferviente oración, fuerza y valor para cumplir las nuevas obligaciones que su situación actual le imponía, se animó el crucifijo grande ante el que oraba en su cuarto y le dijo el Señor: "¡Sígueme!"... Esta divina palabra la transformó totalmente. Nada ni nadie fue capaz de detenerla en el seguimiento total y radical del Redentor.
Dándose más a la oración, en la que pasaba sus noches, y mediante una mortificación profunda y viva de sí misma, alcanzó gracias insospechadas hasta entonces: los fenómenos extraordinarios de los más grandes místicos de la Iglesia le eran frecuentes. Desde entonces destaca en ella la teología de la Cruz y de la Redención; un sentido vivido de Iglesia; su orientación cristológica y trinitaria, en evidente contraste con las corrientes jansenistas, pietistas y humanistas que entonce asolaban zonas enteras de la Iglesia. Su piedad, teologal y cálida, a la vez que irradiaba en ella la luz amorosa del Dios viviente, la iba clarificando e iluminando a ella misma también y la hasta entonces analfabeta, Mª Antonia, supo leer y escribir sin ayuda de maestro.

                                         Como María, Mª Antonia perseveraba en la confiada oración.

Sintiendo la necesidad de dirección espiritual apropiada comenzó a dirigirse con un sacerdote de Bayona, recién llegado de Roma, que pertencía al clero secular. Por dos veces, al menos, participó Mª Antonia, por entonces, en los dolores y sentimientos de Jesucristo en su pasión redentora; y el Señor se complacía en derramar sobre su sierva torrentes de su misericordia infinita, mientras infundía con fuerza en su alma la caridad en su doble vertiente: amor a Dios sobre todo y amor al prójimo en Dios y por Dios, con la fuerza dada por el mismo Dios. Entonces le reveló el Señor sus designios de amor sobre ella: sería la fundadora de un convento; le daría muchas almas a Dios. Y esas almas suplirían por ella y sus deseos, dando a Dios odo el amor que ella misma y otros no le daban a Él. Para ella le era imposible humanamente. Pero Mª Antonia creyó; esperó contra toda esperanza cooperando a este designio de Dios con todo su ser hasta que logró su ejecución: En vista de este proyecto divino y habiendo hecho antes voto condicional de castidad, por su estado, se vistió con permiso de su confesor y de esposo Juan Antonio de hábito  descubierto de Terciaria carmelita . Atraídas por su virtud, entonces, numerosas jóvenes de Bayona comenzaron a seguirla. Esto originó en la villa una oposición muy fuerte casi persecución, contra Mª Antonia y contra su confesor, en la que tuvieron mucha parte la emulación y las pasiones, con apariencias de bien.
 Enteradoparcialmente de los hechos el obispo de Tui-Vigo, prohibió que las jóvenes se reuniesen con la Madre y quitó a su confesor las licencias para confesarla. Esta prueba la sufrió Mª Antonia con mucha paz, humildemente. Sin embargo impulsada fuertemente por Dios y acompañada de 3 de estas doncellas, salió una noche de Bayona a pie y sin provisión alguna y, dejando a sus 2 hijos con personas amigas, atravesó el reino de Portugal de norte a sur para ir a procurar la fundación. Consultó en Coimbra, en el Colegio Teológico de la Orden de los Carmelitas Descalzos y con otros letrados en el camino sus deseos y proyectos que, plenamente aprobaron,  junto con su espíritu. 




 Carmelo descalzo de Coimbra, donde vivió y reposan los restos de la también Sierva de Dios Mª Lucía de Jesús del Inmaculado Corazón de María, última vidente de Ntra. Sra. de Fátima, acaecido en 1917.

Llegada a Sevilla, donde estaba Juan Antonio, su esposo, tras una entrevista con élen la noche de 18 al 19 de marzo, vísperas de san José, por su ferviente oración al Señor lo trocó  de tal suerte que le tocó, él mismo decidió consagrarse a Dios como ella en el Carmelo Descalzo: superando así, por un amor más alto, los lazos que les habían unido en santo matrimonio. Se hizo públicamente esta promesa el 25 de marzo de 1730, al año exacto de haber hecho Mª Antonia su voto de castidad.

La ciudad de andaluza de Sevilla, con el río Guadalquivir con la Torre del Oro en el primer plano y en uno segundo su catedral.

De Sevilla pasó a Granada, donde se hallaba Felipe V que concedió la fundación de un convento de Carmelitas Descalzas en Santiago de Compostela, aunque remitiendo el asunto al Consejo real. Encaminóse Mª Antonia a Madrid para agenciarla y consiguió que varias personas de la nobleza le apoyaran la fundación compostelana. Aconsejada que se dirijiese directamente a Santiago para obtener licencia del Arzobispo con más facilidad, ya que era requisito previo para obtener la del Consejo, se dirijió a la ciudad del apóstol en septiembre de ese mismo año, con intento de fundar allí. Allí halló la oposición más radical que pudiese encontrar ante la debilidad del instrumento humano elegido por Dios para esta empresa; y tras un año de pruebas durísimas y de grandes favores divinos, hubo de regresar a Madrid, de donde había partido para ejecutarla, sin conseguirlo.

                                                  Barrio de Albaycin, uno de los barrios más conocido de Granada.
 Antiguo ayuntamiento de Madrid donde posiblemente haya acudido la sierva de Dios para tratar la fundación
 Vista aérea de la ciudad y capital gallega de Santiago de Compostela, donde según la tradición, reposan los restos en su catedral del Apóstol Santiago, hermano de san Juan evangelista.

Finalmente ingresó como carmelita descalza en el monasterio del Corpus Christi de Alcalá de Henares (Madrid) la ciudad cervantina, en el mismo día que lo hacía su esposo en el de los religiosos. Ambos profesaron el 19 de marzo de 1734, festividad de san José, patrón del Carmelo descalzo. 

 Fachada del Monasterio del Corpus Christi de carmelitas descalzas de Alcalá de Henares (Madrid) donde ingresó la sierva de Dios Mª Antonia de Jesús; junto a la puerta se encuentra una escultura de granito dedicada a San Ignacio de Loyola, santo fundador de la Compañía de Jesús, motivado porque el santo estuvo estudiando en la ciudad Letras.
            Comunidad de carmelitas descalzas del monasterio de Corazón de Jesús y san José de Valladolid (España)


Escudo y monjas y frailes de la Orden de predicadores o de santo Domingo, orden a la que se consagraron los hijo de la sierva de Dios.

En 1735, con precocidad religiosa envidiable, entraron a sus 2 hijos, niños todavía, en la orden Dominicana en la que se santificaron. a su vez 5 de las jóvenes que habían seguido a Mª Antonia en Bayona, abrazaron la vida religiosa, quedando las demás (unas 13 en total) como modelos vivos de santidad seglar.
La misma madre había alcanzado, estando aún ligada con los vínculos del matrimonio en el mundo (entre octubre de 1728 y 1729, tras vivas y dolorosas purificaciones de espíritu, enfermedades y numerosos fenómenos místicos que la prepararon y siguieron), lo que los místico llaman Desposorio y Matrimonio espirituales, cumbres de una vida espiritual intensamente desarrollada.
Corrobora con su ejemplo vivo lo que siglos más tarde  nos dice el Concilio Vaticano II, sobre la vocación a la santidad de todos los fieles, aún seglares en el mundo.
Con su entrada al convento Mª Antonia abandonó en manos del Señor sus antiguos proyectos de fundación.
Le había suplicado fervientemente antes de entrar que se le comunicara, no ya por fenómenos externos que  pudieran ser vistos por otros, sino en su interior. El Señor misericordiosamente oyó sus deseos; en su proceso informativo (incoado al año siguiente a su muerte y que se conserva íntegro) se observa cómo ninguna de las hermanas, o de éstas poquísimas, pudieron percibir la profundidad de su vida interior por su actuación externa. hasta su muerte sus hermanas la creyeron una religiosa normal.

A su entrada en el Carmelo Descalzo y dedicada de lleno a su formación religiosa, profundiza en las virtudes monásticas, en los votos religiosos, en la vida de convivencia en una comunidad, práctica delicada del amor fraterno, obediencia humilde, soledad y silencio, junto con el culto comunitario a Dios, el trato silencioso con Él y la práctica de los diferentes oficios del monasterio. Estuvo en este aprendizaje durante su noviciado y los 4 años siguientes al mismo. A partir de 1738 (cuando termina la 1ª parte de su Autobiografía, escrita por obediencia a su confesor), comienza el Señor a renovar en su alma sus antiguos deseos de fundación: deseos que llegaron a la madre un verdadero martirio, dada su imposibilidad como simle súbdita de ejecutarla. El Señor, que los atizaba, pedía de momento su fe y su oración. "Cree y espera" le dijo un día. Y mientras (oyendo sus súplicas), Él iba abriendo camino. En 1741 y en circunstancias providenciales, fue elegida priora de la comunidad. Comenzó entonces a activar el proyecto que, en momentos más difíciles que quizá haya conocido la historia de la orden  y por medios y de hechos providenciales también , fue abriéndose paso hasta que, finalmente el 15 de octubre de 1748, solemnidad de santa Teresa de Jesús, su fundadora, llega a Santiago de Compostela (A Coruña), se dice al día siguiente la Primera Misa, se pone el Stmo. Sacramento y queda estbalecida la fundación.

                                    Convento do Nossa Senhora do Carmo, Santiago de Compostela, por ella fundado.




       Interior de la iglesia conventual de una sola nave, de planta de cruz latina y con un retablo del neoclásico.

Habían llegado con la M. Mª Antonia de Jesús otras 6 religiosas más, que los superiores habían elegido de varios conventos de la provincia. M. Mª Antonia era la única que pertenecía a un aprovincia distinta. Venía como Vicaria de la fundación de Santiago otra Madre; y ni ésta, ni las demás fundadoras conocían la génesis larga y dolorosa de la fundación, ni habían participado en la misma, ni conocían absolutamente a la Madre Mª Antonia.

Llegaba Mª Antonia a esta región noroeste de España, su tierra natal, en una época también histórica para la misma, en la que, pasadas las luchas que mantuvieron sus nobles entre sí, comenzaba Galicia a encontrar su identidad como pueblo. Es la época de la configuración arquitéctonica  y estructurada de sus ciudades y villas. La venida del Carmelo descalzo a estas tierras en estas circunstancias fue también providencial: Dios escogía el momento de entregar a su Iglesia en Galicia y en su mismo corazón, Compostela, este regalo que Él mismo le había preparado.



                                                                               El mapa político de Galicia (España)

Los primeros momentos de la fundación fueron para M. Mª Antonia muy dolorosos: dificultades externas, como pobreza, falta de sitio para el convento, de medios y ayudas..., dificultades internas, como falta de cohesión entre las fundadoras, cierto desconcierto en ellas... La Madre -que la había gestado- sufría al ver la formación que se daba a las novicias, la dirección de la comunidad desorientada en accidentes..., ¡todo! Hasta que el Señor, por medio de las primeras elecciones canónicas (5 de agosto de 1750), entregó como Él mismo había dicho a Mª Antonia, "este hijo a su propia madre". Poco a poco va venciendo dificultades y se asientan las cosas. Traen los superiores por confesor al P. José de Jesús María, carmelita descalzo, verdadero padre y formador de la comunidad. Éste ordena por obediencia a la Madre la terminación de su "Autobiografía" y, por expreso y apremiante mandato suyo también, escribe "El Edificio Espiritual" para sus monjas. Se pone la 1ª piedra del nuevo convento compostelano el 19 de agosto de 1753, al que el 22 de octubre de 1758 se traslada, siendo priora nuevamente la Madre, la comunidad.

 
Una vez en el nuevo monasterio, al que la Madre contempla con embeleso y gratitud profunda al Señor, que se lo había mostrado así en sus arrobos místicos en Bayona, repite una y otra vez sin cansarse: "¡Qué fiel eres, Señor..., pero qué fiel eres!" Renuncia al oficio de priora que tenía y espera la muerte, haciendo el oficio de tornera y entre exquisitos actos de caridad fraterna. Su muerte acaece el 10 de marzo de 1760, casi de repente, estando de pie y entre los brazos de la Madre priora: símbolo, sin duda, de su entrega filial a la Iglesia, su santa Madre, al igual que vivió la experiencia su santa Madre, la doctora de Ávila, santa Teresa de Jesús; en la que y por la que había santamente vivido.

Tras su muerte, promovieron la causa de canonización de la M. Mª Antonia de Jesús Pereira y Andrade pero no fue hasta 1990 que la santa Sede le concedió el Nihil Obstat, mientras iban recogiendo todo tipo de escrito información de testigos, de las virtudes, de su vida. La Santa Sede dió su sí a la recopilación de textos sobre su vida y virtudes en grado heroico recogido por la archidiócesis compostelana el 25 de octubre de 1997. Tras la afirmación vaticana de todo el documental, se procedió a la Positio en el 2008 y es el 13 de noviembre de 2007 se dió la sesión de la comisión histórica, ahora se espera la aprobación d elos teólogos, de la comisión de obispos y cardenales, y por último la aprobación del SS. Francisco para reconocerla como venerable, es decir que vivió la vida cristiana con sus virtudes en grado heroico.


Fuente: M. Mª Antonia de Jesús. Fundadora del Carmelo de Santiago de Compostela
Autor: Mauricio Martín del Blanco, ocd.
Ed.: Monte Carmelo, Burgos


Para más información:

MM. Carmelitas Descalzas
Convento de Ntra. Sra. del Carmen
C/ Sta. Clara, 8
C.P. 15700 Santiago de Compostela (A Coruña)
Telf.: (981)583484

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